CAPÍTULO 8 La alarma suena una, una, una y otra vez, tan fuerte que me atormenta. Me inclino sobre la cama gimiendo del sueño que todavía tengo sobre mis pesados ojos somnolientos cuando una llamada entra a mi teléfono. Me limpio los parpados pestañeando para hallar la claridad para leer el nombre de mi hermana en la pantalla. —¡Melanie! —Grita atornillándome los oídos. No, ya no está en estado de embriaguez. De verdad que no lo está. Bostezo aun con el frío en mi cuerpo y la flojera. Algo me dice duerme, duerme. Volver a los brazos de Morfeo nunca había sido tan tentador—. Es hoy, oh, joder. ¡Es hoy! Melanie, hermana. ¡Me caso hoy! —Gracias a Dios —farfullo, casi alzando las manos al cielo—. Ya lo sé, ya lo sé, son casi las… ¡¿Doce del mediodía?! Me quiero morir. ¿A qué hora llegamos

