CAPÍTULO 30 Me marcho de la gala benéfica con mi orgullo bien en alto, dichosa de haber estado segura de lo que quiero y de por fin haberle puesto un alto a Christa, haber visto su rostro lleno de cólera fue un sentimiento indescriptible de grata satisfacción. Kurt se queda, pero me envía con su chófer. Estoy por entrar al auto cuando una mano fría me coge de la muñeca, el olor dulce me impregna a lo que volteo para hallar a una Christa furiosa. —Creí habértelo dejado claro la última vez, Bastian Werner es mío —pronuncia con una seguridad que me hace reír. De hecho, lo hago, me carcajeo con tanta fuerza que tengo que agarrarme del estómago—. ¿De qué te ríes, vaca? Entonces… carcajeo con más ganas, por lo que la mujer se enoja mucho más. Con ese insulto de primaria puedo reírme alrededor

