Me miré en el espejo y me quedé completamente atónita. Nunca había imaginado en toda mi vida el poco esfuerzo que me costaría verme así. Me había acostumbrado tanto a llevar ropa vieja y holgada y cosas que me tapaban el cuerpo y ocultaban mis curvas. Ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que había evolucionado mi cuerpo en los últimos años. Llevaba unos vaqueros que mi tía me había comprado las Navidades pasadas y que nunca me había puesto. Eran unos vaqueros ceñidos a la cadera, muy bajos y que apenas me cubrían el trasero. Me apretaban las caderas y los muslos, haciendo que mis cortas piernas parecieran largas y delgadas. Llevaba un cinturón n***o que combinaba a la perfección con el top n***o de tirantes que acababa unos centímetros por encima del ombligo. La camiseta de tirant

