—Llévame... por favor —soltó, forzando las palabras para que sonaran lo suficientemente mansas. Aunque no llegaron a serlo; sus ojos gritaban que era un maldito al que aborrecía. Levka ladeó una sonrisa, satisfecho al verla doblegarse aunque fuera por un instante. Se dio la vuelta con un gesto triunfal, dándole la espalda mientras se dirigía hacia las escaleras. Haciendo a un lado las horas de trayecto, no era una mala idea ir a Suzdal, después de todo. Quería ver cómo se estaba comportando la gente que sirvió a Randall. Ese territorio ahora le pertenecía a Dmitry, aunque era muy pronto para que lo tomara del todo. Se sabía que ya tenía gente a cargo del dinero que se movía en esas tierras. —Me daré una ducha. Saldremos en media hora, prepárate —ordenó sin mirar atrás. Miranda no p

