Nyx no ocultó su entusiasmo ante el matrimonio pactado, una actitud que contrastaba drásticamente con la rigidez de los hombres en la sala. Se acercó a su hijo con una sonrisa radiante. —Es simplemente perfecto, Levka —afirmó, ignorando la expresión de molestia de su hijo—. Pasaré por Miranda esta misma semana. Debemos elegir un vestido adecuado para el compromiso, algo que esté a la altura de la nueva posición que va a ocupar. Levka desvió la mirada hacia un punto muerto en la pared, conteniendo un resoplido de fastidio. —Haz lo que quieras —respondió con una apatía cortante. —Lo haré —replicó Nyx, manteniendo su tono firme—. Y espero que el traje que tú decidas usar ese día esté a la altura del de ella. No quiero verte con cualquier cosa. —Nos vamos —sentenció Levka, cortando l

