Mikhail y Aleksei llegaron poco después para secundarlo en el altar. Mikhail, vestido con un traje gris plomo, observó a su hermano y le dio un breve asentimiento, reconociendo el peso del momento. El líder máximo de la Bratva estaba por atar definitivamente su vida a una mujer que odiaba, una unión que no tenía fecha de vencimiento y que sellaría el destino de la organización. Mikhail le había dejado saber a sus padres que no estaba de acuerdo, pero no importaba, la boda se llevaría a cabo y no quedaba más que hacer acto de presencia y aceptar las cosas. Aleksei se acercó a su hijo y colocó una mano pesada sobre su hombro. Pese al paso de los años, el viejo Pakhan seguía viéndose atractivo e imponente, un recordatorio de dónde venía la casta de Levka. —Que tu matrimonio traiga fortuna

