Levka salió de la mansión con una rigidez que ni el mejor traje de Moscú lograría disimular, deteniéndose apenas un segundo en el umbral mientras sus ojos escaneaban el patio. Su matrimonio no tenía nada de común. Mientras en otra unión se esperaría que los recién casados tengan una luna de miel, él no podía ni quería darse ese lujo. No cuando entre sus filas había gente esperando un mínimo descuido para clavarle una bala. Y tampoco es que hubiera algo que festejar, teniendo en cuenta que su boda no era precisamente soñada para ninguno de los implicados. A lo lejos, Denis se encontraba de espaldas, gesticulando con una autoridad innata, dandole indicaciones a un grupo de guardias que asentían a cada una de sus palabras. El Pakhan no le quitó la mirada de encima, era una atención gélida

