Levka llevó a casa a Miranda para luego volver a los asuntos en los que se mantuvo ocupado con Aleksei hasta muy tarde, encerrados en el despacho mientras el humo del tabaco y la tensión por la traición del cargamento llenaban el aire. Habían citado a Dmitry y a otros tantos hombres de confianza para desmenuzar el tema de los infiltrados, dejando a Miranda relegada a la soledad de la planta alta. Ella cenó sola, algo que le pareció perfecto después de un día tan desgastante; necesitaba aclarar su mente y reafirmar su postura. No pretendía vivir bajo la sombra de ninguna otra mujer. Como ya lo había decidido antes, ella no iba a cuidar la v***a de ningún hombre ni a mendigar exclusividad. Si Levka quería seguir metiéndose entre las piernas de Darya o de cualquier otra, era libre de hacerlo,

