Maksim se quedó abajo con Levka y su hermano, mientras Miranda subía a la habitación principal. Estaba agotada, pero la rabia seguía bullendo en su interior. Poco después, la puerta se abrió y Levka entró con paso firme. No se detuvo a hablar; comenzó a quitarse la chaqueta y a desabotonar su camisa con movimientos bruscos. —¿Vas a algún lado? —preguntó Miranda desde el otro punto de la habitación, estaba sentada en el sofá, observando cómo se cambiaba. —¿Qué carajos te importa? —respondió Levka, con una grosería que hizo que Miranda saltara de donde estaba. Las últimas horas de la reunión solo habían servido para enfurecerlo mucho más. Miranda había invadido su vida, sus pensamientos y no conforme con ello, quería imponerce. Lo único que él buscaba era mantener un poco de lo que en u

