—Comprendo que estés molesto con esa boda —continuó ella—. Después de todo, va en contra de lo mucho que has defendido a la Bratva y sus tradiciones. —Es más complejo que eso —dijo Levka, pidiendo otro vodka y haciendo un gesto para que le dejaran la botella entera sobre la barra. Estaba muy molesto. No era solo la idea de casarse con ella por una orden impuesta, era el hecho de que ese compromiso rompía con sus principios fundamentales. Sabía que su gente podía levantarse en su contra; la boda no era el fin de sus problemas, sino el comienzo de un caos que pronto empezaría a mecer las aguas que hasta ahora se mantenían quietas, una quietud que había sido estable bajo su mando. La estabilidad de su imperio estaba en juego por una mujer que legalmente ni siquiera debería llevar su apel

