Cuando terminó en la cocina salió a uno de los jardines, donde el sol apenas calentaba el aire frío. Vio al jardinero muy ocupado cortando las hojas secas de los arbustos y le pidió que cortara unas flores para ella. Unas rosas en particular le recordaron de inmediato a Suzdal. Miranda jamás había sido buena con las plantas, pues no siempre era capaz de cuidarlas, pero en su antigua casa nunca faltaron los floreros con rosas frescas. Randall se encargaba de llevarle ramos ostentosos, asegurándose de que esos jarrones jamás quedaran vacíos. Solía decir que ninguna flor era tan hermosa como su hija, pero complementaban su belleza. Esbozó una sonrisa triste mientras recibía las rosas, sintiendo el pinchazo de la nostalgia en el pecho. Recompuso su gesto y entró despacio a la mansión, apoyando

