—Y deja de amenazar a Darya. Que sea la última vez que tomas mi celular para borrar mis mensajes. No estoy bromeando, Miranda. Si vuelves a meterte en mis asuntos, te pesará. Miranda apretó los puños a los costados, sintiendo cómo la rabia le encendía la sangre. No iba a quedarse callada ante su tono de dueño absoluto. —Así que tu amante fue a acusarme como una niña pequeña —soltó ella antes de que él pudiera irse—. Yo solo le recordé el lugar que se empeña en mantener. No veo nada de malo en ponerle límites a quien no sabe cuáles son los suyos. Levka se giró por completo, sus ojos ámbar encendiéndose con una furia repentina. Se acercó a ella con una rapidez que la obligó a retroceder hasta que su espalda chocó con la pared. El olor a whisky mezclado con su colonia la envolvió por c

