Se deslizó fuera de las sábanas y comenzó a caminar con pasos cortos y torpes hacia el tocador, apoyando una mano en los muebles para no perder el equilibrio. La ausencia de la puerta en su habitación la hacía sentir doblemente vulnerable, especialmente ahora que su único medio para caminar con dignidad no aparecía por ninguna parte. Pensó que lo mejor sería llamar a una sirvienta y pedir que lo buscaran por toda la planta alta, pues la idea de que alguien hubiera entrado a su cuarto mientras dormía para quitárselo le provocaba una rabia que le encendía la sangre. Mientras tanto, en la otra ala de la mansión, Levka se despertaba con una tranquilidad inusual. Lo primero que hizo fue revisar las sábanas, sintiendo alivio al notar que la maldita gata del demonio no estaba allí. No sabía có

