Abajo, el chofer ya aguardaba por ella con la puerta abierta y el motor en marcha. Levka estaba afuera, recargado contra el vehículo, luciendo una impaciencia que se notaba en la forma en que tensaba los hombros. Se veía impecable en su traje gris oscuro, pero sus ojos estaban inyectados en una irritación que no intentaba disimular. Estaba desesperado por terminar con esa farsa llamada compromiso, por cumplir con el contrato que lo encadenaba a la hija de Randall. Maksim se había colocado un traje n***o, pero él se había ido hace rato, tenía unos asuntos que arreglar antes de la tan esperada fiesta. Miranda observó a Levka desde el umbral de la entrada y no pudo evitar notar lo apuesto que se veía bajo la luz dorada que bañaba la fachada. Era odioso tener que aceptar que el hombre tenía

