—Si eres el Pakhan, debes lucir impecable —murmuró, dándole una última mirada antes de intentar rodearlo para irse. Esperaba que ese coqueteo rindiera frutos, que él no la dejara pasar. Y de pronto, sintió cómo la mano grande y fuerte de Levka sujetaba su muñeca con una firmeza que le cortó el paso de inmediato. El contacto fue como una descarga eléctrica que le recorrió el brazo. —Soy el Pakhan y es demasiada tu insolencia al largarte mientras estamos hablando. Miranda lo miró de reojo, suavizando sus rasgos hasta que su voz salió dulce, casi inocente, desafiándolo con la mirada. —No sé de qué más podríamos hablar tú y yo Levka. No pudo terminar la frase. Sintió cómo él la estrellaba con brusquedad contra el muro, haciendo que el aire se le escapara de los pulmones por el impac

