—Asumo que no debo preocuparme de que te hayas tomado la pastilla —soltó él, rompiendo la paz del jardín. Miranda demoró un poco en responder, manteniendo su atención fija en los pétalos aterciopelados. Sus palabras ni siquiera la sorprendían; ella misma repudiaba la idea de tener un hijo suyo, y solo pensarlo le hacía doler el estómago de una forma amarga. Eso pasaba cuando dos personas que no se toleraban se olvidaban de ello en un momento apasionado. No podía mandarlo a la mierda porque sería hipócrita de su parte cuando ella misma se sintió gustosa de recibir su simiente hasta el fondo de su ser. «No fue lo más listo, Miranda» —¿Tengo cara de querer un hijo tuyo? —preguntó cortando una rosa que se veía muy bonita, dejó que él mismo lo descifrara. —Ahí está tu respuesta —respond

