Estaban por cruzar el umbral de la entrada principal cuando Nyx apareció, bloqueando el camino con una sonrisa radiante y decidida. Saludó a Miranda con un gesto afectuoso y rodeó a su hijo en un abrazo breve, aunque sus intenciones eran claras: no los dejaría irse tan fácilmente. Umma se acercó de inmediato a Nyx, contoneándose y presumiendo el listón rosado que adornaba su cuello, dejándose acariciar por la mujer que siempre tenía un gesto tierno para la felina. —¿Por qué estás aquí, madre? —cuestionó Levka, y Nyx, lejos de ofenderse por el poco entusiasmo de su hijo al verla, le dedicó una nueva sonrisa. —Vine por tu prometida, quiero que vayamos a elegir el vestido de novia —declaró Nyx con firmeza. Miranda apretó el puño sobre el mango de su bastón. Las bodas no le eran gratas,

