Desde que Miranda supo que tendría otra oportunidad para recuperar aquello que le quitaron, y sobre todo, que el Pakhan no tendría el poder para decidir si vivía o moría, se aferró a la idea de ser su esposa con una fuerza desesperada. Se había mentalizado para ello, o al menos eso creyó hasta que Levka le informó que en seis días sería su boda. Tenía un nudo en la garganta que apenas le permitía pasar el bocado de pan. Aunque su futuro esposo no le dio una explicación extensa, ella podía intuir todos los chismes que habían nublado a la Bratva tras ese compromiso. Imaginaba las lenguas viperinas de las esposas de los capitanes hablando de ella como si fuera la peor de las escorias, pero ningún pensamiento al respecto se asemejaba a toda la sarta de veneno que en realidad se soltaba en su c

