—Si la ofensa de que yo alce la voz pesa más que las verdades que acabo de soltarle, dispare, Pakhan... dispare —retó Denis. Levka ladeó una sonrisa dispuesto a terminar con la vida del único hombre que se atrevía a desafiarlo, pero Miranda se interpuso de un salto, colocándose frente a Denis y cubriendo su cuerpo con el suyo. Miró a Levka a los ojos y las lágrimas que tanto había intentado contener finalmente rodaron por sus mejillas, brillando bajo las luces del salón. —Si le disparas a Denis, entonces dispárame a mí también —dijo Miranda con la voz rota por el llanto—. Porque te juro que eso jamás te lo voy a perdonar. Por lo que más quieras, no lo mates —suplicó,viendo esos ojos ámbar arder sin un atisbo de duda de mandar a Denis al otro mundo. Levka observó las lágrimas de Mir

