—No lo había notado, pero tal parece que guardas demasiado afecto por ese guardaespaldas —soltó él con un tono cargado de sarcasmo. Miranda ladeó el rostro para sostenerle la mirada, sin amedrentarse por su presencia. —Por supuesto. Conozco a Denis desde que tenía diez años, no podría ser de otra forma —respondió con calma, retomando su camino hacia las escaleras. Levka elevó el tono de voz, irritado al ver que ella pretendía dejarlo con la palabra en la boca. —Sería demasiado estúpido de tu parte pretender que puedes tener un amante bajo mi propio techo —sentenció él, haciendo que Miranda apretara su bastón y se volviera por completo para encararlo. —Denis no es mi amante y, si así fuera, ¿cuál sería el problema? ¿No tienes tú infinidad de mujeres? ¿No es Darya Antonova una de

