En medio de todo el enorme castillo, en el último piso, se encuentra un gran salón adornado en su mayoría de blancos, dorados y azules, grandes columnas bordean un camino central hacia un enorme y ornamentado trono, a un lado, a la derecha, se encuentran cuatro sillas que, si bien también lucen imponentes, el tamaño y ostentosidad es nada al estar tan cercano al asiento del rey. En el techo, justo arriba del trono hay un tragaluz espectacular que generan luces preciosas cuando el sol se encuentra en lo más alto, y la parte favorita del rey y su adorada hija, al fondo de todo, frente a su asiento, hay un gran balcón, además que cada pocos metros en las otras paredes hay grandes ventanales que permiten una vista completa hacia los alrededores. Estos últimos detalles fueron un dolor de cabez

