- Tengan cuidado – la mujer mayor se acerca a la pareja y les deja un último abrazo. En el fondo quiere retenerlos y cuidarlos, pero ella entiende muy bien las razones del porque deben emprender su camino.
- ¿Y si nos dicen a donde irán? Por precaución – insiste el mayor de los gemelos, todavía reticente por no ir con ellos, pero sin querer obstinarse con el tema.
- No, será mejor si no saben nada, así no tendrán que mentir del todo – el mayor se acerca y revuelve el cabello de sus pequeños hermanos como cuando eran niños, sabiendo a la perfección como de frustrados deben de sentirse por no hacer más que ayudar. Pero Abraham sabe que está haciendo lo correcto, ya mucho está sacrificando con poner en riesgo la vida de su amada.
- Muchas gracias por todo y perdonen la molestia – la princesa, no queriendo alargar más la despedida, toma las manos de la matriarca, brindándole una sonrisa brillante que logra calmarla. Es como si todo el dolor quedara atrás y volviese a ser la misma de siempre.
>> Volveremos pronto, no tienen nada de qué preocuparse, cuídense mucho también y si ocurre algo busquen a Fred, él los ayudara en todo lo que necesiten si dicen que van de mi parte – vuelve a abrazar a los gemelos y finalmente emprenden el camino.
Al principio van a paso rápido, Abraham al frente y volteando de vez en cuando a ver a la princesa, quien le sigue el paso con facilidad. Angelica no tiene mucha fuerza física y aunque ha querido aprender, es terrible en todo lo que tiene que ver un enfrentamiento, pero, por otro lado, es veloz y cuenta con gran agilidad, habilidades que la ayudan a escapar de situaciones complicadas.
- ¿A dónde iremos? – pregunta la de ojos bicolor cuando toman un pequeño descanso en medio del bosque luego de haber caminado algunas horas.
- No tengo un plan princesa, discúlpeme, lo primero que quiero es salir de la zona, cuando lleguemos al próximo pueblo podremos pensar sobre eso – el mayor, frustrado por exponer a su princesa a tales condiciones, lleva las manos a su cabello y lo suelta, dejándolo caer sobre sus hombros.
Nunca le había molestado tener el cabello largo, pero ahora le dificultaba un poco por el calor.
- No tienes que ser formal conmigo Abraham, no estamos en el castillo – Angelica, consiente que ella no ha sido la única que ha perdido a alguien, pero si quien se desahogó, se acerca al mayor, tomando sus manos con suavidad para reconfortarlo.
- Y no sabes cuánto me gustaría que no fuese así. Tú tienes que estar allá, protegida y cómoda, no aquí de este modo – señala el bolso que lleva, que, aunque no es tan grande, supone que si algo pesado, ya que lleva comida y un par de cosas que podría necesitar. O algo así le dijo ella cuando le aconsejo no llevar tanto.
Aunque él lleva un peso mayor, contando una pequeña tienda para no hacerla dormir del todo en la intemperie, más comida y un par de espadas.
- Nada de esto es tu culpa, tenías razón, era mi cumpleaños y se daría una fiesta, se supone que la seguridad estaría reforzada – sin querer alejarse del calor que desprende el mayor, se acerca a su lado sin soltar su mano.
- Lo sé, por eso la saque sin pensarlo, pero desde aquí afuera no hay manera de investigar quien ha sido el traidor ni quienes están involucrados.
- Además que no hay manera de comunicarnos con mi padre o con Fred, me pregunto que se dirá de mi desaparición – como el gran equipo que desde pequeños han demostrado ser, es como si sus pensamientos estuviesen sincronizados, tanto en cuando indagan sobre suposiciones o cuando piensan en lo mucho que adoran la cercanía que mantienen.
- Pudo haber sido un s*******o.
- ¿Ambos? No tendría caso llevarte a ti también, eres el capitán – al encontrarle sentido a la situación, la princesa se alarma.
- Yo te secuestre – ambos se ponen tensos al pensar en toda la situación y en lo que se ha desencadenado – Mierda – tal y como la relación del rey y su guardia personal, el protector de la princesa es quien tiende a perder el control de sus modales por ella.
- Me pregunto quién estará detrás de todo, había varias personas nuevas.
- Pero solo un par se vería beneficiado si usted desapareciera ¿no cree? – entendiendo sin esfuerzo a quienes se refiere, pero sin querer aceptarlo hasta tener más pruebas, Angelica se abraza al brazo de su guardián, buscando fuerzas para seguir manteniéndose serena.
- Ya te dije que no seas formal, solo dime Angelica – con una pequeña sonrisa se pone de pie frente a él y extiende su mano – Sigamos caminando – toma su mano, pero se levanta sin poner fuerza en ella. Abraham solo quiere sentir su tacto.
Empiezan a caminar otra vez, pero ahora con sus manos juntas y mucho menos tensos. Ellos se encuentran huyendo, dejando atrás a sus familiares y con el recuerdo de sus dos grandes amigos muertos, pero están juntos, y eso es lo único que necesitan para saber que todo va a estar bien, ellos pelearan para que todo lo este.
***
Después de caminar todo el día, finalmente deciden descansar la noche en un pequeño claro que consiguieron cerca de la frontera de la capital de la nación con uno de los otros cuatro grandes sectores en los que se divide el país y que a su vez estos se dividen en pequeñas o medianas poblaciones.
El protector, después de armas la pequeña tienda que solo ocupará la princesa, voltea a verla, consiguiéndose con una pequeña sonrisa temblorosa que le causa algo de gracia. Es la misma que usa cuando hace una travesura que salió mal y la consecuencia fue mayor que el chiste.
- Intente hacer que esto supiese mejor, pero creo que lo arruine, lo siento – soltando una pequeña risa, el mayor se acerca a su amada y toma la lata de comida que le extiende, viendo como lo que antes eran granos ahora también llevaba algunas hiervas e incluso cree ver un par de frutas.
- ¿Esto es una ciruela? – con una cuchara toma la fruta y voltea a verla con burla, pero no puede conseguirse con sus preciosos ojos porque ella, totalmente avergonzada, cubrió sus ojos.
- Pensé que con un toque dulce sabría mejor.
- La ciruela es acida.
- Lo arruine, discúlpame, no tienes que comerlo, yo tomaré esa y tu toma esta, no la he abierto – le ofrece una intacta, pero cuando va a tomar la otra él la aleja y toma una cucharada.
- Bueno, esto sí sabe bastante mal – en contra de sus instintos, no lo escupe, al contrario, lo pasa y toma otra cucharada bajo la atónita mirada bicolor de su amada princesa.
- Estas loco, deja eso antes que te haga mal – intenta verse preocupada pero la verdad es que la situación se le hace graciosa y un poco tierna.
- No me hará mal, siempre que sea comida, yo puedo, esto es mejor que nada – se maldice apenas lo suelta, pensando en que el ambiente se va a poner lúgubre por involucrar su pasado, pero se sorprende al sentir un toque en su mejilla.
Abraham, por la impresión, sube con rapidez la mirada, consiguiéndose con ese par de ojos que lo vuelven loco junto con esa preciosa sonrisa que lo tiene a los pies de esa pequeña mujer.
- Y yo puedo con todo porque tu estas a mi lado – soportando sus impulsos, pero sin querer dejar todo así, la menor se acerca al rostro del contrario y con delicadeza deja un beso lento en su mejilla – Iré a acostarme un rato – y sin poder resistir más, la princesa se marcha a su tienda, llena de emociones y adrenalina.
Por otro lado, Abraham solo se premite flotar un par de segundos por lo que acaba de pasar antes de terminar la lata de comida y sentarse con comodidad cerca de la fogata que prendió anteriormente, en un lugar donde puede tener una perfecta vista del claro.
Los sentimientos que ambos tienen hacia el otro no son un secreto para nadie que haya convivido con ellos, incluso, hasta ese par saben que son perfectamente correspondidos, pero para evitar las complicaciones que podrían tener debido a los del consejo, su amor es solo eso, un sentimiento no dicho en voz alta que no ha podido ser consumado a lo largo de todos los años.
O no del todo.
En su adolescencia llegaron a compartir un par de besos inocentes y otro par no tanto, pero al crecer, aumentaron las responsabilidades y las quejas de esos hombres que parecían muy indispuesto en permitir que una mujer tomara el trono por sí sola, por lo que empezaron a insistir con las propuestas de matrimonio, postulando sus propios familiares y personas que sabrían que al tomar el trono los beneficiarían.
Pero esas personas no contaron con que el rey apoya firmemente a su hija y las decisiones que tome, sabiendo que nadie mejor que ella podría gobernar el país que tanto adora, sin embargo, Reign es un reino en donde esa clase de resoluciones deben ser unánimes, por lo que la princesa no ha sido obligada a contraer matrimonio, pero tampoco ha podido mantener una relación con su adorado protector.
Aunque ahora están fuera del castillo, por el momento son fugitivos y nadie a su alrededor va a decirles que está bien o que está mal, y sabiendo que en algún momento deberán regresar… Lo mejor sería aprovechar las circunstancias, si no es ahora no será nunca.
Decidida, la princesa sale de la tienda, ubica a su protector al lado de la carpa y algo sonrojada, se deja caer a su lado, dejándolo algo sorprendido. Abraham pensaba que ella ya estaba dormida.
- ¿Pasó algo? – ella niega y se recuesta a él, dejando que sus brazos se rocen.
- Solo quería ver las estrellas – ambos guardan silencio unos minutos, levantando la vista y maravillándose por la imagen. Desde el castillo no pueden apreciarse de ese modo - ¿Puedes conseguir las constelaciones? Yo solo logro ver brillos por todos lados.
Con una pequeña sonrisa y feliz por pasar más momentos con la menor, Abraham se acuesta en el césped y hace que lo acompañe, manteniendo siempre un contacto entre sus brazos.
- Esa es la osa menor, y la estrella más brillante indica el norte – él incluso señala la imagen que puede encontrar a la perfección, pero cuando voltea a ver a la princesa y consigue con el ceño arrugado.
- Te voy a ser sincera, para mi todas brillan mucho y no hay manera de conectarlas y hacer un oso, oh puede que sí, pero no sabría cómo.
- En realidad, es más como una cuchara – la princesa gira la vista hacia el mayor pero lo que sea que fuese a decir muere en sus labios al notar que están más cerca de lo que pensaba.
- Entonces no será tan difícil conseguirla – baja la voz cuando se encuentra perdida en un mar de sensaciones y en sus ojos tan oscuros que puede verse reflejada.
- Eventualmente podrás – al igual que la princesa, Abraham deja de prestarle atención a lo que estaban hablando para fijarse en sus bonitos ojos, uno totalmente marrón y el otro azul. Un contraste fascinante.
Cansada de la situación y ansiosa por poder hacer realidad sus deseos, la princesa decide no esperar más y se acerca para dejar un delicado y pequeño roce en los labios del contrario.
- ¿Esto está bien? – pregunta, inseguro de poder soportar más tiempo yendo en contra de sus instintos.
- Todo acerca de nosotros está bien – y eso fue lo único que fue necesario decir para finalmente dar rienda suelta a aquello que deseaban desde hace tantos años.