CAPÍTULO CUATRO BARBANEGRA Cuando se escuchó la detonación, Rogers estaba dormido. Después de reunirse con el gobernador, había pasado el resto de la noche encerrado en su cabina. Se había acostado sobre su catre, intentando seguir el hipnótico balanceo de la linterna que colgaba sobre su cabeza, movida por la resaca que hacia ondear al barco. Lentamente se había quedado dormido, gracias también al ruido de la lluvia contra los vidrios de las ventanas. Cuando el estruendo lo despertó, abrió los ojos y se levantó rápidamente, justo en tiempo para ver la puerta de su cabina que se estaba abriendo. Husani estaba a la entrada, casi no podía respirar. «¡Mi capitán!» exclamó, todo sudado. «¡Nos están atacando!» «¿Nos están atacando?» repitió él. «Apareció una embarcación, en alta mar. Lu

