Mi primera reacción fue subirme encima de ella. La tenía justo debajo de mí, y no sé por qué solo con eso, sentía mi cuerpo ardiendo. Mi corazón latía apresuradamente, y mis manos estaban temblorosas, a pesar de que estaban a ambos lados de ella. —¿Qué haces? — preguntó en un tono dulce. —No lo sé— mi respuesta le hizo soltar una risita burlona. —Lo que hiciste fue por instinto. Estamos mejorando— no entendí a qué se refirió, pero aun así traté de mantener la calma. Ni cuenta me había dado de que mi rodilla estaba en medio de sus piernas y su muslo estaba presionando mi erección. Cuando caí en cuenta, la vi esbozar una sonrisa. Su mano sujetó la mía y traté de mantener el equilibrio solo con una. —Voy a mostrarte algo— su mano la encaminó en dirección a su entrepierna y la seguí con l

