Capítulo 4: Historia de Ava.

1760 Words
Narra Ava Cuando estaba en la escuela nuestros profesores preguntaban con frecuencia que queríamos ser cuando fuéramos adultos, era una pregunta constante en la que todos los niños muy ignorantes de cómo funciona la vida decían, “quiero ser veterinaria” “quiero ser médico” “quiero ser una gran abogada” pero todo eso lo decíamos sin pensar que es realmente difícil, por la economía, las pocas oportunidad, por tus capacidades, etc. En mi caso siempre decía que quería ser maestra, pero tuve un problema gigante, las malas calificaciones. Nunca pude ser una buena estudiante, por más que me esforzaba se me complicaba saber de matemáticas, comprender textos literarios, lo único que sabía contar eran billetes y monedas, del resto nada. Vengo de una familia algo disfuncional, para ser realista creo que bastante disfuncional, pero para poder contar sobre eso, debo ir a los inicios de mi perra y triste vida, pues el primer esposo de mi madre, es decir mi padre, falleció cuando yo tenía solo meses de nacida. Fueron épocas difíciles para todos, en especial para la mujer que llevaba a una recién nacida en sus brazos, que luego de un par de años decide darse una nueva oportunidad con un hombre que aparentemente parecía bueno, era casi que la perfección hecha humano; entre tanto amor y tanto romance fugaz, la pareja decide casarse, pero estando todos bajo el mismo techo, algunas cosas empezaron a cambiar y mi madre las pasaba por alto, su nuevo marido dejó su trabajo debido a que el estrés lo podía dañar, que el cansancio físico era demasiado, que estar todo el tiempo conduciendo un camión lo hacía estar lejos de su amada esposa y que quería quedarse un tiempo. Mi madre enamorada lo ve como un acto maravilloso de amor por lo que entonces ella decide llevar las riendas del hogar, limpiaba casas mientras su amado inservible veía televisión con las patas sobre una mesa. En Puerto Rico las cosas se hacían más complejas, el valor de las cosas eran cada vez más costosas y para completar, mi madre queda embarazada, no una, si no cinco veces; si antes debía combatirme yo misma por mis cosas, por mis deberes escolares que ya eran una carga para mí, todo fue peor cuando tuve que estar al pendiente de cinco niños pequeños, no es que los odie pero no me hacía feliz ayudar a cambiar pañales, hervir teteros y limpiar el culo de todos ellos mientras solo era una niña, no fue muy agradable. No tengo recuerdos muy lindos de mi infancia para decir verdad, pero así fui creciendo, sin tener ni un jodido espacio por lo menos para mí, todos seis dormíamos en una misma habitación, no había un día en el que pudiera dormir mis horas completas porque el más pequeño siempre se levantaba a pedir comida en la madrugada. Recuerdo que una noche los teteros se quemaron, me quedé dormida y se derritieron los biberones, de no ser porque el fuerte olor levantó a los adultos de la casa quien sabe qué habría pasado; tras los regaños por el descuido me enojé y le grité a mi madre y a mi padre, pude decirles cuan cansada estaba y agotada por tanta injusticia conmigo, me había aburrido de asumir una responsabilidad que no me correspondía, no quería tener una obligación tan grande. Siempre vivía con el miedo de que alguno de ellos no se callera o les pasara algo porque siempre las consecuencias las pagaba yo, ya quería tener una vida normal donde lo único que me angustiara fueran las tareas del colegio, pero ya ni eso podía hacer, el colegio era mi lugar tranquilo, el lugar donde podía dormir con más tranquilidad que en mi propia casa. Mis padres estaban furiosos por mi “rebeldía” y lo que recibí fue una bofetada, me dijeron que era desagradecida, que mi madre no podía trasnochar porque debía trabajar temprano al día siguiente. Desde allí comenzaron mis limites, desde ese día me decidí a que no podía quedarme allí y que algo mejor me esperaba pero fuera de ese lugar; con los años las cosas empeoraron, mi madre se mataba día y noche como una mula para ganar dinero que mi padrastro se gastaba en horas, el alcohol fue nuestro nuevo huésped, los insultos y los golpes hacia mi madre aparecieron junto con el trago. Siendo ya una chica de catorce años y repitente de varios años de colegio perdido, me resigné con la escuela, simplemente no era para mí, así que decidí quedarme en casa y esconder a mis hermanos bajo la cama cuando el borrachín con el que compartíamos espacio se transformaba, era mi única tarea. Cuando mi cuerpo de niña había quedado en el olvido y el de una señorita en desarrollo aparecía, la mirada de aquella bestia —mi padre— hacia mí era diferente, el hombre al verme se lamia los labios, se apretaba las huevas y hasta sonreía imaginando quien sabe que cochinadas; ya empezaba a temer cuando debía quedarme días enteros con él, pero siempre fui fuerte, valiente y ruda, nada me ha quedado grande. —Ava, manzana —dice la última de mis cinco hermanos que solo tiene tres años. —¡Oh, sí! Es una manzana —respondo mientras lo veo señalar las frutas de la página de un libro. —La manzana es jugosa y deliciosa, yo quiero comer de esa manzana —menciona mi padre entrando a la habitación, así que de inmediato tomo a la niña en mis brazos y la llevo a la sala, solo estamos los tres porque los demás están en la escuela. —¿A dónde van? Déjame darles un abrazo, a mi pequeña niña y a mi mujercita —dice acercándose a nosotras, nos rodea con sus brazos y siento como intenta bajar su mano por mi cintura hasta mi trasero por lo que de inmediato me hago a un lado. —¿Qué haces? —cuestiono caminando hasta la cocina. —Nada, solo intento darte un abrazo, ¿no puedo abrazar a mis pequeñas y amadas hijas? El hombre se acerca a tal punto que me quedo acorralada entre él y el mesón de la cocina, toma a la niña de mis brazos y la baja al piso haciendo que lo mire sin entender, luego posa sus manos en mi cintura y acerca su rostro hasta el mío, pero de inmediato aparto la mirada, trago saliva con nervios y trato de salir del agarre. Pero al intentar escapar, me abraza con fuerza y hunde su rostro en mi cuello, los bellos de su barba me producían asco y entre más forcejeaba era más inútil porque era mucho más alto y fuerte que yo, mirando a mi alrededor veo el sartén, quería alcanzar el cuchillo pero estaba muy lejos, así que como puedo estiro mis manos y lo tomo del mango, reúno la poca fuerza que me queda y lo estampo en su cabeza en repetidas ocasiones; nunca me detuve, aunque me soltara, se alejara y callera al piso nunca me detuve. El hombre quedó en el piso tendido con un charco de sangre a su alrededor, sin pensar tomé a mi hermanita y nos encerramos en la habitación, a los pocos minutos escuché la puerta, me asomé por la ventana y el hombre se había ido, creí que ese sería el final de la pesadilla que teníamos en casa, pero lastimosamente era el final para mí. A las horas mi padre regresa junto a mamá, enfadada por la fuerte golpiza que le di al hombre abre la puerta y con una correa de cuero me da fuertes azotadas. —¿De esa manera le pagas todo lo que hace por ti? ¿Cómo te atreves a levantarle la mano a tu padre? —cuestiona ella en medio de sus golpes. —Él no ha hecho nada por mí ¡él no es mi padre, mi padre ya está muerto! —digo sin derramar una sola lagrima a pesar de sentir ardor en la piel. —¿Cómo te atreves? —dice ella tirando la correa a un lado. —El intentó abusar de mí, por eso lo he golpeado, el me llevó hasta el mesón de la cocina y me tenía sujetada, estaba besando mi… —¡Mentira! Ella fue quien me provocó, actuó de esa manera porque yo no quise ceder a lo que quería —menciona el hombre que lleva puntos en sus cejas intentando cambiar las cosas. —Madre, te lo juro por lo más quieras, él fue quien me llevó hasta la cocina, tuve miedo y por eso me defendí, él te está diciendo menti… —Silencio Ava, esto era lo último que esperaba de ti, no fuiste buena para la escuela, no fuiste buena ni cuidando de tus propios hermanos ¿y ahora le haces esto a tu madre? La mujer toma a la niña en sus brazos y camina en dirección a la puerta. —Por tu culpa es que no pude terminar mis estudios, por tu culpa mi vida se ha convertido en una mierda, por tu culpa no me espera el futuro que quiero y por tu culpa casi soy violada por mi “propio padre” —¿Piensas seguir? —dice ella sin mirarme. —Si, pienso seguir porque me cansé de ser la mala de la historia, me aburrí de querer siempre hacer lo que querías para complacerte, me cansé de asumir una responsabilidad que te correspondía, ¿y para qué? Para nada, porque te importa más tener en casa a un inservible con sus huevas rellenadas en un sillón tomándose tu dinero y golpeándote, que a tu propia hija. Mi madre se gira y en sus ojos de color rojo y cristalinos se ve el enojo, se nota la rabia por escuchar la verdad que ella misma se niega aceptar, por lo que no se contiene y se abalanza para golpearme, pero ya no más, le detengo la mano en el aire y justo en frente de su cara le digo. —No tienes que preocuparte más, hasta hoy seré un problema para ti, espero que tu marido sea más útil que yo. La pequeña niña en sus brazos me mira y siento algo de pena por ella, pero ya no puedo quedarme más, tiro su mano y camino hasta la puerta de la habitación, sin voltear atrás continuo hasta la salida y ese fue el último día que los vi.
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