Con una gran sonrisa en su rostro, Alexander tenía una mano en su espalda para aliviar un poco el dolor que sentía en esta ante el peso extra en su vientre, mientras que la otra sostenía una regadera con la cual estaba alimentando con agua sus hermosas flores que él mismo había plantado y cuidado, haciéndolas florecer hermosamente gracias a los consejos de su suegra. Había sido un largo camino para encontrar la casa perfecta tras llegar a la manada Donelly, y Alex ciertamente ya hasta había perdido cierta motivación cuando finalmente encontró el hogar que cumplía con los requisitos de sus parejas junto a los suyos. Con un bonito jardín delantero pequeño que dejaba la distancia perfecta entre la calle y la casa, el omega había quedado encantado tan pronto como subió los tres escalones del

