(FRENTE INTERNO - ALTHEA) Las "sesiones" con el Archimago Valerius eran un ejercicio de humillación intelectual disfrazado de erudición. El hombre, anciano y de ojos como pozos grises, hacía que Althea se sentara en el centro de un círculo de runas plateadas, mientras una serie de artefactos extraños —esferas que giraban, cristales que cantaban, péndulos que oscilaban— reaccionaban (o no) a su presencia. —Fascinante —murmuraba Valerius, anotando en un grueso grimorio—. El Cristal de Verdad se empaña en su proximidad, pero no detecta mentira. El Péndulo de los Elementos no se inclina hacia ninguno. Es como si... existiera en un punto ciego de la creación. Althea permanecía en silencio, pero por dentro, trabajaba. Cada sesión era una lección sobre los límites de la magia de ese mundo. Apr

