La huida es una pesadilla de jadeos, camillas improvisadas y miradas aterradas hacia atrás. Kael y sus guerreros se mueven como fantasmas, cargando a Rylan (aún inconsciente en una litera) y apoyando a Althea, que camina pero cuyo andar es inestable, como si el mundo bajo sus pies fuera inconsistente. Su "silencio mágico" es una discapacidad que la desorienta; sin su sexto sentido, está medio ciega para los peligros del bosque. El nuevo refugio no es una cueva acogedora, sino una g****a húmeda y estrecha en la montaña, un lugar tan miserable que Dorian no pensaría buscarlo allí. Es el refugio de los desesperados. Allí, la recuperación es lenta y llena de retrocesos. Para Rylan, la fiebre mágica sube y baja. Las venas de ébano no crecen, pero no retroceden. Está atrapado en un limbo. En

