Las veinticuatro horas fueron un torbellino de preparación silenciosa y terror concentrado. Althea no durmió. Recorrió cada centímetro de sus aposentos con sus nuevos sentidos, mapeando la "niebla" mágica que los envolvía. Encontró lo que buscaba: un punto débil, casi imperceptible, donde el hechizo de contención que sellaba su ventana de cristal se solapaba torpemente con un encantamiento de climatización. Era una g****a en lo intangible. La Piedra del Suspiro descansaba en su mano, ya no fría, sino con un calor latente, como si estuviera ansiosa. Amplifica o esconde. Su plan dependía de las dos cosas. Primero, esconder su verdadera intención, su pánico, su rabia, bajo una capa de resignación calculada. Luego, en el momento preciso, amplificar algo más. Algo que ni Dorian ni Valerius esp

