La estabilización de Rylan fue un milagro frágil. Podía hablar, pensar, incluso sentarse con ayuda, pero su cuerpo era un campo de batalla en alto el fuego. Las venas de ébano seguían allí, latentes, y cualquier esfuerzo mágico podía desatar de nuevo la tormenta interior. Estaba atado a Althea, a su mera presencia, como un náufrago a un salvavidas. Fue Kael quien puso sobre la mesa la cruda realidad. —Las patrullas de Dorian están a un día de marcha, como mucho. Están rastreando algo... una firma mágica residual. —Miró a Althea—. Esa proyección no solo nos delató. Algo en ella... algo tuyo... dejó un rastro que ellos pueden seguir. No podemos mover a Rylan. No así. Y si nos quedamos, nos exterminan. El aire en la g****a se volvió de plomo. Todos miraron a Althea. No con acusación, sino

