Prólog. El despertar.

438 Words
RINA Un dolor sordo en las sienes fue lo primero. Un latido persistente que no era suyo, o no lo era del todo. Rina entreabrió los párpados, pesados como losas, esperando encontrar el familiar techo agrietado de su pequeño departamento, la tenue luz de la mañana filtrándose por la persiana rota. Pero no vio eso. Vio dosel. Un dosel de terciopelo azul oscuro, bordado con hilos de plata que formaban constelaciones inexistentes. El aire olía a lirios y a cera de abejas pulida, un aroma empalagoso y ajeno. ¿Dónde...? Intentó sentarse, y un mareo brutal la golpeó. Se llevó las manos a la cabeza... y se detuvo. Esas no eran sus manos. Sus dedos eran más largos, más delgados, la piel suave como la porcelana, sin la pequeña cicatriz que tenía en el nudillo del índice por aquel accidente con la cocina. Giró las palmas, una punzada de puro pánico recorriéndole la espina dorsal. Se miró los brazos. Delgados, pálidos. Se tocó la cara. Pómulos altos, una nariz fina, labios más carnosos. Una cascada de cabello rubio ceniza, tan largo que se enredaba en sus dedos temblorosos, cayó sobre sus hombros. No. Esto no puede estar pasando. Con un jadeo, se arrojó fuera de la cama, sus pies —¿eran sus pies?— hundiéndose en una alfombra tan espesa que casi tropieza. Corrió hacia lo que intuía era un espejo, un gran marco dorado junto a una ventana arqueada. La figura que la devolvió la mirada era una extraña. Era una joven de su misma edad, quizá unos dieciocho o diecinueve años, de una belleza frágil y etérea que le resultaba completamente ajena. Tenía los ojos del color del amatista, abiertos por el mismo terror que ella sentía. Era la cara de una muñeca de porcelana. La cara de la princesa del cuento. No. No, no, no. El recuerdo la golpeó entonces, no como un pensamiento, sino como una descarga eléctrica. ... el chirrido de neumáticos... el cristal estallando en mil pedazos... la sensación de frío, de un vacío horrible que se abría bajo ella... y luego, una voz suave y antigua, susurrándole al oído: "Tu historia no ha terminado, pequeña lectora. Toma. Esta es la segunda oportunidad que no tuviste..." Rina —o lo que quedaba de ella— se apoyó contra la pared fría, mirando fijamente a la extraña en el espejo. A la princesa. A... Althea. El nombre surgió de la nada, implantado en su mente como una semilla. Princesa Althea del Reino de Eldoria. Y con el nombre, llegó el conocimiento más aterrador de todos: sabía exactamente en qué historia había despertado..
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