Suspenso aquel divino movimientoSuspenso aquel divino movimiento del sol de sus estrellas celestiales, encendida la nieve en dos corales, al pie de un lauro, haciendo son el viento, durmió Lucinda, y el Amor atento a la causa amorosa de mis males, dijo, alzando la voz, palabras tales que parece que hurtó mi pensamiento: «Venus, hermosa y dulce madre mía, con Psiques andarás de nuevo en puntos; ésta es cárcel de amor, ya tengo dueño». Oyó Lucinda lo que Amor decía, y abrazando al rapaz, durmieron juntos para quitarme eternamente el sueño. “Calma, ya todo esta bien” Dejo caer el teléfono en el asiento cuando veo llegar a la policía, miro a Alondra esperando que me diga que bajemos. Levanto las cejas en una clara señal de que algo pasa, y quiero ir. Niega. —Debemos permanecer

