Capítulo 9

1288 Words
EBBA Escuchamos que Vanessa gritó y luego ya no se escuchó nada, pero no hace falta imaginar lo que está pasando. — ¿Quieres esperar afuera? —pregunta incómodo, nos ponemos de pie y salimos de la casa. —Esto es incómodo —rio y el chico me mira divertido. —Nunca pensé estar en una situación como esta —confiesa y lo miro—. Ni creas que te haré lo que Adler le está haciendo Vanessa, aunque —me mira de arriba hacia abajo y sonríe coqueto—, me gustaría hacerte eso y más —guiña el ojo y finjo vomitar. —Ni en tus sueños me harás esas cosas —digo con asco. —Nena, un hombre no ocupa soñar, ellos siempre miran y se imaginan una película porno con esa chica —vuelve a guiñar el ojo. Ajusto bien el abrigo causándole una risa y niega divertido. —Te diré algo, no ajustes tu abrigo porque das más ideas de tus curvas, arte. Estamos tan cerca, levanto la cabeza para mirarlo a los ojos, antes de que hagamos algo, escuchamos pasos y me alejo lo más pronto posible. — ¿Qué estaba pasando? —levanta una ceja. —Pensé que Adler bajaría primero —se burla. —Pensé que estaba aquí, no lo vi adentro —se acerca y Samuel se ríe. — ¿Tan así lo dejaste, Vanessa? —la mira curioso, ella sonríe entendiendo esa pregunta, se acerca a nosotros. —Así es mi efecto —dice burlona causando que el chico se ría. Escuchamos que Adler cierra la puerta y camina hacia nosotros, le guiña el ojo a Vanessa y ella sonríe de lado, esa misma sonrisa que usa Adler cuando coqueta, suficiente para que Ebba y yo confirmemos lo que pasó. — ¿Listos para irnos? —Te tardaste demasiado, hermano. —Estaba ocupado —guiña el ojo. Nunca había visto este lado de Adler, se siente divertido y aliviado, aparte de que coquetea como si fuera muy normal, Vanessa le da un golpe en las cosillas y él se ríe. —Anda, nena, seré tu chófer —toma a Ebba por el brazo y se alejan para ir al auto de Vanessa. —Lo curioso es que nunca le mencionamos el nombre del antro —analizo y mi amigo entiende. —Tal vez ya fueron —se encoge de hombros y nos vamos. Llegamos al famoso F*CK NICE, afortunadamente no había tanta fila, al parecer llegamos a buena hora, pasaron las diez personas que estaban enfrente de nosotros. —Identificación —dice el guardia, creo que es el mismo que la vez pasada—. Pasen —dice abriendo la puerta. El interior está medio lleno, al parecer sí es temprano para estos lados, tomamos una mesa disponible, Vanessa se acomoda en la silla. — ¿Algún trago en especial? —pregunta por encima de la música. —Mejor pide una botella —guiña el ojo y los chicos se van a la barra. Llegamos con la botella, Ebba se encarga de repartir los tragos. — ¡Salud! —dicen y tomamos el trago de un solo trago. —Vamos —dice Adler y lleva a Vanessa a la pista de baile, los dos empiezan a bailar tan sensualmente y muy pegados. —Vamos con ellos... —Ay, chiquito, no se te va a cumplir —empieza a sonar una canción muy famosa de Bad Bunny—. Yo perreo sola —canto en español y se adentra a la pista. Esta chica me va a matar y no solo por su carácter, sino por sus buenos movimientos y me dan ganas de matar a todos los chicos que bailan con ella. Sin perderla de vista, bailo con una chica que se me acerca muy sexy, pega más su trasero, pero baila muy bien. Estamos muy concentrados en bailar hasta que de manera brusca la alejan de mí, miro al chico con ganas de golpearme. —No es mi culpa —me alejo de ellos, los dos comienzan a gritarse y salen de la pista. Nos tomamos un descanso para ir a la mesa y tomar casi la mitad de la botella, bueno, solo Ebba y yo tomamos, ya que los otros dos van a manejar. — ¡Nos toca bailar juntas! —grita Vanessa, aunque no ha tomado demasiado, tiene un ambiente fiestero, lleva a su amiga a la pista, las dos comenzaron a bailar pegadas y no tardaron unos chicos bailar con ellas. —Uf, el lindo karma —me da una palmadita en la espalda y se va a bailar con las chicas. —Todavía no llega —digo para mí mismo y miro una chica pelirroja que menea su cuerpo sensualmente. Me sonríe de forma seductora, ahí está la señal que ocupo, me acerco y comenzamos a bailar, bailo a mi modo y ella se deja hacer de todo, a veces noto la mirada de Ebba, pero la evito y me concentro con la chica. Ella se da la vuelta hasta quedar de frente y me besa ferozmente, llevo mis manos a sus caderas para acercarla más, pero se separa para tomarme de la mano y sacarnos de la pista, hasta perdernos en un rincón, mis manos viajan a su pierna subiendo el muslo y separando sus piernas. EBBA — ¡Vane! ¡Todo gira! —siento que me voy a caer, pero unos brazos fuertes me atrapan—. No sabía que estabas fuerte, Vane —me rio. —Es porque no soy ella, arte —dice divertido. — ¿Qué haces? —preguntó confundida y él se ríe. —Evitando que beses el suelo. —Oh —murmuro y me enojo de hombros, siento como me alejan de él y miro que hace un gesto de disgusto, tal vez sea mi imaginación. —Ebba, vamos al auto, Vanessa te está esperando —dice Adler, me lleva hasta el auto de Vanessa, me acomoda en el asiento del copiloto. —Gracias, Adler —dice y el chico la mira con una sonrisa. —Quiero que me sonrían así —digo con un puchero y el chico se ríe. —Algún día, nena —deposita un beso en mi frente—. Se van con cuidado —dice y cierra la puerta. —Le avisé a tu jefa que tenías mucha fiebre, así que tendrás el día libre —empieza a manejar con calma. —Quiero un chico —suelto de la nada. —Ebba, no ocupas un chico para ser feliz —dice apagada y concentrada en la manejada. —Soy feliz, pero quiero compañía, quiero sentirme amada, aunque ya me amo, pero necesito que alguien más me ame, para compartir el amor que tengo, que me mire con la sonrisa más radiante del mundo —miro hacia la ventana—. Me gustaría sentir eso, me encantaría eso, tener alguien a mi lado. —Y lo vas a conseguir, pero tienes que esperar. —Estoy cansada de esperar —hago un puchero y ella se ríe. —Nada caerá del cielo, ni los chocolates —dice en broma—. Bueno, eso ya caen. —No estoy para tus bromas —suelto de mala gana. —Mira, soy buena para los consejos, pero —hace una pausa y frunce el ceño, me rio porque causa risa cuando hace ese gesto—. Mierda, se me olvidó lo que te iba a decir —dice vencida y me rio más fuerte. —Solo olvida lo que te dije —miro de nuevo a la ventana y el camino se hace en silencio hasta llegar a mi casa. —Los chicos llegan a ti, Ebba, pero los alejas, no te estoy diciendo que coquetees con todos, pero coquetea con el que quieres y ya —me mira y asiento. Entramos a mi casa, es pequeña, pero es mía, Vanessa me ayuda a quitarte la ropa para bañarme. —Te esperaré afuera, cualquier cosa que ocupes, me dices —sale del baño y yo entro en la regadera—. Sí, sí, me voy a quedar con Ebba, mis padres saben eso, sí Adler, buenas noches —la escucho que habla y una sonrisa se asoma en mi rostro. Necesito a alguien como Adler... Que siempre está al pendiente, rio fuertemente y salgo del baño. —El alcohol y sus cosas —me pongo la pijama.
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