Capítulo 2

1325 Words
SAMUEL Dejo de besar a Inna de repente y un chico me está golpeando en la cara, me rio como el idiota que soy dejando que me golpee, no sabía que la chica tenía novio. —Eres un maldito loco —dice el chico y me deja de golpear. —Y tu chica una zorra —sonrío, el chico se acerca, pero Adler lo detiene y el chico se va con Inna. —Si no cierras tu boca, te va a ir peor, pendejo —suelta con brusquedad y me ayuda a levantarme. Caminamos hacia el estacionamiento con su ayuda, una chica choca con Adler, pero este wey no se da cuenta y seguimos con nuestro camino hacia el auto. —Una chica muy sexy chocó contigo y no te diste cuenta —me burlo y él me mira confundido. —No me di cuenta —enciende el auto, da en reversa para salir, pero unos golpes lo hace frenar de golpe. — ¡Fíjate, idiota! —grita una chica y sigue su camino hasta llegar a su auto. —Creo que te afectaron más los golpes que a mí —me burlo y me gano una mirada de ya cállate, alcanzo observar a la chica y me doy cuenta de que es la misma chica que chocó con Adler. Me rio y mi compañero me mira molesto, no le hago caso al gesto, prendo el estéreo haciendo que una canción tipo rap en alemán suena, no le entiendo ni madres, pero el ritmo es pegadizo. — ¿Sabe lo que dice, idiota? —pregunta en medio del camino. —No, pero el ritmo está suave —digo moviendo mi cabeza al ritmo de la canción. —Deberías aprender alemán —me aconseja y lo pienso por un momento. — ¿Me hará más atractivo para las alemanas? —pregunto interesado. —Claro —dice con burla y le creo. —Voy a investigar clases de alemán —finalizo y Adler se ríe. ADLER Me estoy alistando para ir a una entrevista de trabajo, siento los nervios por todo mi cuerpo y el que tengo como mejor amigo no ayuda para nada, me miro en el espejo acomodando los botones de la camisa blanca con líneas verticales azules, termino con los botones y la fajo con el pantalón n***o. —Eres un amargado, te falta sexo —sentencia Samuel y bufo. —El sexo no es todo, además, tenemos que conseguir trabajo, ni creas que estarás de mantenido —lo miro a través del espejo y está acostado. —Estuve investigando sobre las clases de alemán y en el mismo lugar buscan un maestro para clases de inglés —dice orgulloso. —Lo bueno que vas a trabajar de lo que estudiaste —camino hacia la cama donde se encuentra el saco n***o y me lo pongo, esto de ser formal me está gustando, hace resaltar mi guapura. —Así es —me mira divertido—. Deberías buscar algo de sexo, digo, pareces como un sugar daddy —hace una pausa como pensativo—. ¿No quieres ser mi sugar daddy? —No empieces, idiota, a la una tengo una entrevista, es para los laboratorios Bayer. —Wow, como todo un ingeniero químico —dice sorprendido y me rio. —Así es —miro la hora en mi reloj, el que me regaló Vanessa—. Me tengo que apurar —salgo de la habitación. En media hora estoy conduciendo hacia la entrevista, espero que todo salga bien y me den el puesto, camino hacia la secretaria y ella me indica en dónde será mi entrevista, paso por una puerta y se encuentra el laboratorio, maquinarias por todas las partes y gente con su equipo de seguridad, el lugar es muy limpio, todo es blanco menos las maquinarias. — ¿Señor Haucke? —preguntan y giro para ver un señor con un traje impecable. —Sí —estrechamos las manos. —Bienvenido —dice—. Para la entrevista, te va a acompañar la ingeniera química Leyva, ella te dejará una maquinaria y debes registrar y encontrar el error, si eres capaz de eso, el trabajo es tuyo. ¿Está de acuerdo? —pregunta sin dejar de mirarme. —De acuerdo —caminamos hacia un sistema, tiene reactores y varias bombas, junto con líneas y válvulas, se encuentra una señora con cabello n***o en una coleta y ojos oscuros. —Es el señor Haucke —dice el señor y nos deja solos. —Un placer, señor Haucke, soy la encargada de hacer tu entrevista —la señora se coloca enfrente del sistema—. Hay varias maquinarias en el sistema, primero me dará los nombres de todo lo que hay, cada cosa tiene su número, así que será más fácil de identificar —hace una pausa—. He preparado el equipo para que tenga un error o no, hará los cálculos y registros necesarios, si tiene alguna duda o quiere presentar sus resultados, con toda confianza puede preguntar —dice, me entrega unas hojas con un lápiz y me deja. —Manos a la obra —me pongo las pilas para identificar los equipos. VANESSA —Al parecer un chico nuevo —susurra Dirk. —Nena, nos pagan por trabajar y no por dar chismes —digo divertida y me da un golpe. —Pues espero que sea gay —se muerde el labio y me rio. —Esperemos —le guiño el ojo y nos ponemos a trabajar, ya sabía lo del chico nuevo, mi mamá nos contó que ahora iba a entrevistar a un chico y que según por sus estudios es de un gran potencial, miro la balanza analítica que dice 5.01 gramos, mierda, me pasé por .01. —Por casi, nena —dice divertido—. Deberías de practicar —miro como su balanza dice 5 gramos, sin más y menos y en la primera pesada—. Es práctica, bebé —me guiña un ojo y yo miro mi balanza. —Someone will love you, let me go —susurro cantando mientras vuelvo a pesar. —Súbele, me encanta esa canción —dice mi compañero y lo miro divertida—. Bien hecho, nena —lo miro confundida—. Vuelve a tu trabajo —me guiña el ojo, miro mi balanza, 5 gramos, ¡exactos! —No puedo creer —digo y doy unos brinquitos de felicidad. EBBA Trabajo en una galería los fines de semanas y en la semana trabajo en una escuela de idiomas, enseño alemán a los turistas o a los chicos de intercambio, me gusta el trabajo, no me quejo, sé que ser artista es algo muy difícil porque no serás reconocido de un día al otro. —Buenos días —saludo a mis compañeros. —Buenos días, Ebba —me saluda una maestra que da clases de español, debemos ser tres maestros, uno de alemán, español e inglés, es un colegio que apenas va empezando y por los rumores hoy entrará un profesor de inglés, recién traído de Canadá. — ¿Ya viste al nuevo? —le pregunto y tomo asiento. —No, pero lo que la jefa me dijo es que tomará clases de alemán, así que te tocará verlo primero, si es que no viene aquí —dice y bufo divertida. —Qué emoción —digo con sarcasmo y Emma se ríe. —Sí... Es interrumpida porque alguien abre la puerta y efectivamente ahí está el nuevo, no me quejo de su físico, alto, bronceado, cabello entre castaño y rubio, músculos definidos y esos ojos entre cafés y verdes. —Buenos días, señoritas —nos saluda y a Emma se le escapa una sonrisa. —Todo un galán —susurra y se levanta—. Buenos días —lo saluda y se va a su clase, faltan diez minutos, pero ella siempre está ahí para recibir a sus alumnos, me pongo de pie para ir al baño antes de la clase. —Soy Ebba, bienvenido —digo en inglés y le sonrío amable, efectivamente es un mujeriego, lo sé por su mirada divertida, sonrisa con hoyuelos y el gran recorrido que le hizo a mi cuerpo. —Un placer, soy Samuel —me habla en inglés y me dispongo a caminar hacia la puerta—. Quién diría que las alemanas están bien buenas —dice en español, me detengo en la puerta y giro para verlo. —Estás bien perdido, americano —hablo en español y me mira sorprendido, salgo de la sala de descanso y camino hacia el baño, en estos años empecé con clases de español con Emma y así conseguí el trabajo.
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