La Profecía

1116 Words
Era una noche fría en el reino de “Sogno ”, el cantar de los grillos hacía la soledad más amena, pero en el gran castillo ubicado al norte, en medio de un hermoso manantial se llevaba a cabo un juicio sobre uno de los pobladores. — ¿Si sabes porqué estás aquí? — Pregunto el rey. — Sí... majestad — Respondió el pobre hombre. — La deslealtad en este reino tiene un precio alto — Dijo el rey mientras tomaba una manzana de un canasto cerca de su trono. El hombre lo que hizo fue suplicar por su vida, pero esto al rey no le generaba nada de remordimiento ni pena. El rey tomo un poco de tierra y la lanzó al aire haciendo que esta misma mostrará como dos hombres de su ejército irrumpian en la casa de él. — Espero disfrutes del espectáculo — Dijo con risas el rey. El hombre veía como su hija y esposa eran acorraladas por esas bestias, pero lo peor vendría después. Sus soldados eran trolls de aproximadamente 2 a 3 metros de alto, algo gordos, de aspecto desalineado y sin higiene alguna. Estos trolls tomaron a ambas mujeres y las arrodillaron para posteriormente mostrar unos enormes miembros; las caras de ambas mujeres reflejaban horror y pánico mas mucho no pudieron hacer ya que ambos monstruos introdujeron sus miembros en las bocas de ambas. El hombre sólo podía ver cómo su hija y esposa eran obligadas a realizarles una felación a esos monstruos que se notaba lo estaban disfrutando. Ambos trolls aumentaron sus movimientos hasta eyacular dentro de sus bocas aliviando a las dos mujeres por un leve momento ya que sus caras cambiaron cuando las levantaron y arrancaron su ropa con gran fuerza dejándolas completamente desnudas. No perdieron el tiempo y tocaban el cuerpo de ambas a su antojo, pero lo peor vino cuando de nueva cuenta las levantaron y esta vez iban a hacer penetradas por esas bestias, pero el hombre interrumpió diciendo que iba a dar su tributo como lo hacen los demás. El rey levantó su mano derecha y detuvo el tiempo congelando a víctimas y victimarios para después mirar fríamente al hombre. — ¿Era demasiado difícil hacer eso? — Cuestionó el rey. — No, su majestad — Respondió el hombre. — No teníamos por qué llegar a esto — Digo el rey con seriedad. — No, majestad — Dijo el hombre con la cabeza agachada. El rey se levantó y jaló del cabello al hombre para mirarlo fijamente. El rey se acercó al rostro del hombre, abrió su boca y le empezó a succionar su alma dejándolo seco, dejando su cuerpo inmóvil cual cáscara de alguna fruta. Levantó la mirada y reinició el tiempo mientras se marchaba dejando el salón principal, de fondo seguía la escena donde aquellos trolls penetraban a las mujeres y abusaban sexualmente de ellas. El rey entro a su habitación donde lo esperaba una mujer completamente desnuda en medio de la cama. — ¿Cómo te fue en el juicio? — Preguntó la mujer. — Estresante como siempre — Respondió con sequedad el rey. — Quizás esto te ponga de buen humor — Dijo la mujer con voz seductora. La mujer abrió sus piernas mostrando su feminidad y con una señal invitó al rey que no dudo ni un momento y se abalanzó a devorar aquel fruto y probar su néctar. La mujer soltaba gemidos mientras tocaba sus senos y ya con excitación el rey se desprendió de su ropa dejando ver su cuerpo algo marcado y su m*****o erecto, y de un gran tamaño y grosor. El rey sin decir más se adentró en la feminidad de aquella mujer y empezó con el bombeo que subió de intensidad en tan pocos segundos haciendo que aquella mujer gritará de placer. En medio del acto s****l la puerta se abrió de golpe y entró un hombre de aspecto Joven con los ojos color plata, piel no tan blanca y el cabello n***o como los ojos del rey. — Mi lord, la tenemos — Dijo el hombre. — Entiendo — Respondió el rey. El rey seguía penetrando a aquella mujer aumentando cada vez más la velocidad de las embestidas hasta que soltó todo su líquido dentro de ella fundiendo a la mujer en un gran orgasmo. El rey se vistió y salió de la habitación junto con aquel hombre dejando a la mujer recuperando el aliento y cansada. El hombre llevo al rey a una sala apartada del todo y en completo oscuridad. Al entrar una vela se prendió de la nada y frente a él se encontraba una mujer anciana. — El oráculo — Dijo el rey. La mujer quedó en silencio mientras con la poca luz veía el rostro del rey. — Bien hechicera tenemos que hablar — Dijo el rey mientras tomaba asiento. — Yo no tengo nada de que hablar con usted — Respondió la anciana. — No debe ponerse así conmigo ya que sólo busco saber mi futuro — Dijo el rey con una amabilidad forzada. — Conozco la oscuridad que hay en ti y sé las atrocidades que buscas hacer — Respondió la anciana. — Hechicera no me haga matarla, así que mejor diga lo que quiero saber — Respondió el rey. — Un rey que puede controlar la oscuridad pide que una humilde anciana le profetice su futuro — Respondió la anciana irónicamente. El rey ya estaba perdiendo la paciencia, pero la anciana saco de su bolsillo unos polvos que sopló. Estos polvos se elevaron hasta el techo mostrando lo que le preparaba al rey. — Este es tu destino — Dijo la anciana. — ¿A qué se refiere? — Cuestionó el rey. — Pronto llegará el fin de tu reinado y la luz volvera a salir detrás de la montaña — Respondió la anciana. En el polvo se veía como una mujer dirigía un ejército para combatir a aquel rey, se veía la caída de su imperio y el ascenso de una nueva luz más brillante. — ¡Falacias! — Exclamó el rey. — ¿Notó miedo acaso? — Dijo la anciana con tranquilidad. — Sólo muestras mentiras charlatana — Respondió el rey con enojó. — Nunca digas que la magia no sirve cuando tú mismo la empleas con éxito — Respondió la anciana. El rey hartó de la situación tomo a la anciana del cuello y apretó con gran fuerza hasta romperle el cuello. El rey salió dejando el cuerpo sin vida de la anciana. Pero la cara del rey reflejaba preocupación sobre algo que sabía que iba a pasar y tenía que estar listo pase lo que pase.
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