Robert se dirigió a la casa de su madre, no sin antes pasar a una tienda por un par de juguetes y a una dulcería, tenía que sobornar a sus sobrinos de alguna forma hasta llegar a la oficina que su padre tenía en la casa, necesitaba unos contactos importantes y estaba seguro que su padre tendría las anotaciones en alguna parte. –Robert, qué sorpresa –saludó Alberto cuando lo vio entrar a la sala. –Lo dices como si nunca me hubieras visto. –Es que nunca te vemos –debatió Cloe. –¿Dónde está Bety? –preguntó su madre. –No vengo unos días y lo primero que haces es preguntarme por Elizabeth –indicó –. Recuerdo cuando me preguntabas por mi salud, madre. –Cariño, sabes que te amo, es solo que ahora que están juntos los veo demasiado separados. –¿Separados? –Lo dice porque el otro dí

