Elizabeth se detuvo en la entrada del instituto para dejar a Megan, todos los chicos iban apresurados al edificio y algunos maestros se encontraban cerca pendientes de que algún padre llegará para notificar las cosas que hacían sus hijos en el lugar, era la única hora que podían hablar. –Te pasó a recoger en la tarde, cuidate. –Sí mamá. –La adolescente bajó del auto y caminó hacia sus clases para su suerte sus amigas no habían llegado, seguía molesta con ellas y aún no decidía si las iba a perdonar, seguramente que si porque no tenía más amigas, le era difícil relacionarse con los demás. Elizabeth estaba a punto de irse cuando vio a la entrenadora de baloncesto, salió del auto para hablar con ella sobre la lesión de Megan. –¡Entrenadora! –Señora Pierce, al fin la veo, necesito ha

