Olor a traición

1925 Words
—Eso sonó muy comprometedor. Ahora dime, ¿en qué puedo ayudarte? —Es sencillo. Necesito que seas mi mano derecha. Necesito alguien de confianza, alguien como tú. Necesito más negocios para el lavado de dinero, los que están actualmente funcionando, quien lo ha estado manejando, no lo ha hecho bien y la DEA cada vez está más cerca, merodeando todo lo que entra y sale. En el momento que vengan con una orden de cateo, pueden encontrar el cuarto secreto y, aunque nada me incrimina directamente, serían numerosas pérdidas. —¿Y por qué no has movido todo? —En eso estoy, pero tomará unos cuantos días. Tenemos que trasladar todo esos billetes a otro lugar y hacer una limpieza interna de todos los que ahí trabajan. Ya sabes, cerrarles la boca. —¿Y ya tienes la forma de hacerlo? —Ahí entras tú, bizcocho. —¿Cuál sería el destino? —Tengo un almacén a las afueras de la ciudad, ahí podremos guardar todo mientras nos encargamos de abrir otro lugar cómodo y seguro, con personas que reclutes que sean confiables y se les pueda callar bien la boca. No quiero que lo que pasó vuelva a pasar. —¿Qué te parece un supermercado? Es un lugar amplio, se genera lo suficiente como para justificar el dinero que entra. Eso sí, deberías crear dos cuartos, uno que esté en funcionamiento y otro cerrado. Cuestión de que si en algún momento la DEA se aparece, no logren tener acceso al único cuarto en uso. Tal vez puedes crear una entrada subterránea, con entrada y salida únicamente al exterior, así ni siquiera los empleados del supermercado podrían reconocer las caras de quienes entran. —Todo lo que sale de esa divina boquita es oro — se aproxima hasta quedar a centímetros de mis labios y admiro la forma en que los devora con solo una mirada. Este hombre tiene la facilidad de elevar mi temperatura a tope; su perfume, su mirada y su porte; y saber que cuando era una chamaco, era tan bobo y feo. Le ha sentado bien esta nueva apariencia, luce mucho más hombre y atractivo, incluso se nota lo ardiente que ha de ser en la cama, pero no por eso voy a caer tan fácil en su jueguito. Siempre he sido mujer de darme los gustos que quiera con el hombre que me atraiga, pero no quiero cometer los mismos errores de antes. El sexo es un arma de doble filo y ahora no estoy en condición de volver a caer en las trampas o mentiras de un hombre. Solo voy a enfocarme en mis planes futuros y en los beneficios económicos que tendremos él y yo de esta unión. —No te equivoques conmigo, Leo — puse mi mano en su pecho y lo acaricié—. Has cambiado mucho, antes no me mirabas así, pero no voy a negarlo, esa miradita que me echas me gusta— acaricié sus labios con la yema de mi dedo índice—. Tienes unos labios muy apetecibles, un pecho firme, como un buen macho debe tenerlo. Es como si estuvieran hecho solo para tentarme, pero para que las cosas no se salgan de control, es mejor no mezclar esas ganas y el sexo en los negocios, porque no mezclan y solo traen problemas a largo plazo. Además de que acabo de salir de una relación sumamente tóxica y venenosa — sonreí al recordar la expresión de Arturo en sus últimos momentos y Leonel hizo lo mismo, como si hubiera captado lo por mi mente pasó—, así que quiero que nos mantengamos como lo que seremos de ahora en adelante; buenos socios. Sostuvo mi mano, presionándola contra sus labios, proporcionando un beso ruidoso en ella, para por último soltar una ruidosa risa. —¡Cómo me encantas, carajo! Hubo un toque en la puerta y protestó. —¡Maldita sea, dije que no me interrumpan y es lo primero que hacen! Entra — ordena. La mujer que estaba en la cárcel conmigo es la persona que entra y se disculpa. —Hicimos lo que nos ordenó. Solo quería avisarle que la mujer está muy débil y no se sabe cuánto dure. —Dile a Porro que la lleve al corral y tú te quedas aquí. —Entendido — salió del estudio. —Puedes hacer lo que quieras. Encontrarás todo y más de lo que vas a necesitar con esa perra. Asegúrate de vaciar todo ese odio, rabia y dolor que tienes por dentro, así podrás cerrar ese capítulo tan insignificante que viviste al lado de aquella sabandija. —Veo que estás enterado absolutamente de todo. Esa mujer, la tal Keyla, fuiste tú quien la mandó a cuidarme en la cárcel, ¿cierto? —Sí. Tenía que proteger a mi… socia. Keyla entró al estudio con otro sujeto que, en apariencia luce como un gladiador, por su rudo y gran aspecto. —Él es Porro y te enseñará el camino. —Bien — miré a Leonel—. Supongo que debo agradecerte por ponerme en bandeja de plata a esa mujer. —Luego hablaremos de ese grandioso agradecimiento. Ve con Porro. Salí del estudio en compañía de ese sujeto. Tal parece que Leonel está disgustado por la interrupción. Fue mejor que eso pasara, ya que se le notaba que estaba a punto de usar sus mañas. De alguna manera, tendré que mantenerlo a raya. Leonel —Cierra la puta puerta. —¿Por qué estás tan molesto? — cerró la puerta y la acorralé contra ella. —Te dije que no quería interrupciones y es lo primero que haces. ¿Sabes cuántos años he esperado por esto? —Es que me sentí en la obligación de hacerlo. Esa otra mujer se está muriendo. Está envenenada. Si se muere antes de que cierres negocios con tu mujercita, no ibas a poder conseguir nada. —¿Y qué te hace pensar que no iba a lograrlo? Ya deja de hacerte la muy preocupada, cabrona. Sé perfectamente que si interrumpiste es por celos. Tienes suerte de que aún me eres de utilidad o ya tendrías un balazo entre ceja y ceja. —¿Puedes saber cómo pudiste convencerla? ¿No me digas que recurriste al plan b? A ella se le nota lo difícil que es entrarle y convencerla de algo. —Pues sí. Ella es como una dinamita. Si no sabes cómo manejarla, lo mejor es mantener tu distancia o puede explotarte en la cara. Eso me gusta de ella; lo volátil e impredecible que puede llegar a ser. Con respecto al plan b, me funcionó mejor de lo que esperé. Poco a poco iré ganándome su confianza y la tendré comiendo de mi mano. —Entiendo que estés hasta las trancas con ella, pero acabas de meter al enemigo a la casa. Si se entera de todas las mentiras que le has dicho, ella no va a perdonarte y te hará lo mismo que le hizo a ese noviecito que tenía. Tú mismo te estás echando la soga al cuello. —Me encanta el peligro. Mi bizcochito estará tranquila mientras siga pensando que soy ese amiguito de su infancia. —¿Y crees que le tomará mucho tiempo descubrirlo? Leonel, tú mataste a su papá y ella era muy unida a él. Estás jugando con fuego y esa mujer se nota que no es de perdonar una traición o una mentira, y tú estás lleno de eso. —Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale. Espero cierres ese hocico y no seas tú quien le vaya con el cuento o no me responsabilizo de lo que te pase. Ven — caminé a la estantería de libros y abrí el pasadizo secreto hacia la habitación de Sara. —¿Todavía tienes esta habitación? Dijiste que ibas a destruirla. —Aquí no tomamos riesgos de que vayan a escucharnos o vernos. Ahora que Sara estará aquí, no puedo descuidarme ni un solo instante — cerré la puerta detrás de ella. —¿Qué es esto? Has añadido muchas cosas. ¿Qué planeas hacer con esta habitación? ¿Vas a convertirla en un santuario para ella o qué? —Iba a utilizarla para mantenerla aquí si se hubiera negado a cooperar, pero como fue tan inteligente y accedió a todo, entonces solo la tendré aquí por si acaso. —¿Cómo puedes pensar en encerrarla en un sitio como este? Hay poca ventilación y aunque es amplia, no es un lugar para encerrar a nadie. Si ella descubre que tienes esta habitación llena de retratos suyos, con algunas de sus pertenencias, más que planeabas encerrarla aquí, esa mujer será capaz de matarte, Leonel. ¿Tú obsesión te puede llevar tanto? ¿Qué tienes con esa mujer? Llevas muchos años detrás de ella y realmente no entiendo nada. Existen muchas mujeres que se mueren por estar contigo y tú sigues alimentando esa obsesión con esa mujer tan peligrosa. —Como que me he perdido. ¿En qué momento pedí tu opinión, cabrona? Lo que una simple cualquiera como tú piense, me da lo mismo. Sara no es como las demás mujeres. Ni siquiera tú puedes compararte con ella, porque ni a los talones le llegas. Mejor ahorremos los disgustos y cambiemos a gustos que causen placer — la sujeté por la cintura, acercando su cuerpo al mío —. Ahora haz silencio. Escuchar tu voz solo me saca de concentración y me baja la calentura que traigo ahora. Solo podía tener esos pensamientos retorcidos en mi cabeza con su fascinante cuerpo, su voz, sus labios, su mirada, incluso su olor, esto se ha vuelto una condenada tortura. Todavía la recuerdo bailando en aquel lugar, moviendo ese cuerpo tan seductor y ardiente. Cada curva, cada pedazo de ella es mío y no dejaré que nadie más vuelva a verlo. Besé su cuello, pero su aroma no es el mismo al de mi bizcochito y jamás podría compararla. Su cuerpo es demasiado delgado para poder pensar en mi Sarita. —Ay, mi Sarita. ¿Cuánto más tengo que esperar para tenerte? —¡Estoy harta de que me sigas llamando por su nombre! — Keyla me empujó furiosa—. Entiende de una vez que yo no soy tu Sara, yo soy Keyla. —¡Tú eres quién a mí me salga de los cojones que seas, cabrona! — presioné su cuello, como también su espalda contra la pared—. ¡Y qué sea la última vez que usas tu sucia boca para mencionar el nombre de mi Sarita! Para ti, de ahora en adelante, ella es tu jefa y harás todo lo que ella te ordene. Te va a tocar llevarte bien con ella, porque también serás su sombra. Si no estás dispuesta a hacer las cosas a mi manera, dímelo de una vez, así mismo me encargo de mandarte con tus putos muertos al infierno. —Me estás lastimando. —Espero sea la última vez que me hables así, Keylita. Tengo muy poca paciencia y lo sabes. Por otro lado, te lo advierto, si representas un peligro para mis planes, no me dejarás de otra que cortarte la lengua y enviársela a tus padres. No te olvides de lo que le pasa a las personas que se atreven a traicionarme y no sé porqué, pero tienes un olor desagradable a posible traición y fíjate que mi intuición nunca falla. Ahora dime, ¿debo preocuparme o tomar medidas previas?
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