—¡Así me gusta, carajo! — se levantó tan abruptamente de la cama con el niño que me asusté. —No grites de esa forma. Asustas al niño. —Papi tiene que hablar unas cosas con tu mami. —¿A dónde lo llevas? —¡Sonia! — le gritó a la empleada y ella en segundos apareció en la puerta—. Lleva a mi hijo a su habitación y quédate con él en todo momento. No me le quites los ojos de encima. —Sí, señor — ella tomó a mi hijo en sus brazos, algo que no me agradó del todo y salió de la habitación. Leonel cerró la puerta y se acercó tan apresuradamente que no dejé de mirarlo. —¿Qué te pasa? ¿Por qué te estás comportando como si fueras un niño de primaria? —Venga para acá, cabrona — me levantó en sus brazos y me tiró sobre la cama, acomodándose entre mis piernas sin pensarlo dos veces—. Aquí
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