Kaelin Él pareció darse cuenta de eso. Asintió, sonriendo levemente. —Tienes razón, amor. Está bien, vamos. En una hora, reunimos a quienes necesitábamos —entre ellos Frankie, Sylva y Lance— y llegamos a las tierras de los Camas. Ya era cerca de la tarde, y el sol estaba alto en el cielo, revelando la magnitud del daño que la manada Camas había sufrido. Sus tierras estaban en desorden. Algunos de sus edificios habían sido incendiados, el olor a madera y tela quemada persistía en el aire. Niños y mujeres se agrupaban en pequeños grupos, temblando tras el ataque. Había huellas en todas direcciones; era imposible determinar si el ataque vino de una sola dirección o de varias. —Gracias por venir, Alfa Calder. —Reconocí al alfa de los Camas por las fotos en los libros que había estudiado en

