Capítulo Siete Hablando De Mí.

1665 Words
Megan* Seis meses había pasado desde que mantenía una amistad especial con Antuan y no encontraba la manera exacta de describir como me sentía cada vez que lo tenía a mí alrededor. Ya era imposible para mis pasar un día sin verlo, cada día me llevaba a un sitio diferente, según el mostrándome el mundo, me describía todo con detalle, aun no entendía cómo es que decidió estudiar psicología si tenía alma de poeta, su forma de describir cada ambiente era espectacular y como se lo dije la primera vez. Sentía que podía ver todo a través de sus ojos. Tenía semanas dándole vueltas al mismo tema, ya había varias ocasiones en las que me pedía que le contara sobre mi ceguera, pero no me atrevía a contárselo, no por miedo que se alejara, tenía miedo que reviviera en mí el sentimiento de odio que hace mucho tiempo había dejado ir, no quería que el rencor se interpusiera en mi vida. Pero eso se acabaría ahora, el rencor estaba superado. Ahora lo importante era continuar mi camino. Seguir viviendo con ello así que se lo contaría todo. Solo esperaba que el no hiciera lo mismo que papa intentando buscar al culpable. Ya estaba lista esperando a que llegara por mí. Según él me quería llevara a un lugar muy importante para él a donde jamás había llevado a nadie y me contaría una parte importante de su vida. No creí que me pudiese contar algo que me sorprendiera ya que conocía casi todo sobre él. Pero nunca se termina de conocer completamente a las personas verdad. Me había contado algo acerca de toda la labor social que realizó antes de entrar a la universidad. Eso era algo de lo poco que me intrigaba, cada que hablábamos del tema un fuerte sentimiento de culpa se adueñaba de él y no entendía porque si todo lo que hacía era maravilloso. En una ocasión me disguste mucho con él. Para ser exactos la primera vez que me conto todo eso, creí que era una más de sus labores sociales. Pero me hiso entender lo equivocada que estaba. Ya que nunca había intentado llevarme a esos lugares en los que se exponen sus experiencias. Algo que quedo más que claro cuando me llevo a conocer a su madre. La señora Marie es un amor, nada como ver, bueno borren eso. Nada como sentir como el amor brota a raudales de dos personas. Dulce, cariñosa y una excelente preparadora de pasteles de fresa. Mis favoritos. El sonido de un claxon me saco de mis pensamientos. Salí de casa retorciéndome las manos, estaban un poco sudorosas por los nervios que sentía al contarle mi historia. —Hola— saludo justo en la puerta haciéndome pegar un salto. —Hola— respondí rodando lo ojos. Le encantaba hacer eso. Tocaba la bocina solo para hacerme saber que estaba aquí pero siempre venía a esperarme en la puerta y acompañarme al auto. — ¿estas preparada para que te lleve a mi lugar?— Pregunto ansioso. —Si— conteste un poco nerviosa. — ¿Pero antes podemos hablar?— pregunte— quiero contártelo todo— dije, con los nervios a flor de piel. —no tienes por qué hacerlo si no está lista— contesto. Era algo de lo que más me gustaba de él. Siempre pensando en los demás antes que en sí mismo. —quiero hacerlo— dije — por favor— —Genial, ¿vamos a comer entonces?— pregunto. —Sería lo mejor— susurre — italiana—dije solo para hacerlo enojar, ya que él odia la comida italiana, o bueno al menos lo empezó a hacer desde que la camarera se le tiro encima estando yo presente. — ¡No! — Grito — Mejor vamos por china ahí, nadie intenta violarme— dijo mientras yo trataba de contener la risa. Le encantaba hacer dram con eso diciendo que la chica que estaba muy buena, lo quería v****r enfrente de su chica como le gustaba llamarme de vez en cuando. —Qué falta de respeto de su parte — seguía gruñendo. —No seas dramático— le regañe — solo quería ver si fingía ser ciega— es algo con lo que últimamente me gustaba bromear. Ambos empezamos a reír mientras el conducía camino al restaurant comida china llamado ying-tung, era nuestro favorito desde que nos conocimos. Al llegar la señora Yao que ya nos conocía nos llevó hacía nuestra mesa favorita. — ¿Lo de siempre?— pregunto, con marcado acento. —Por favor— pedí como siempre que íbamos, Antuan era un caballero y me dejaba elegir a mí.  La mesa se sumió en un silencia bastante cómodo, pero sabía que l solo estaba esperando para que yo hablara como lo hacía la mayoría de las veces que me veía nerviosa. —tengo que hablar ¿verdad? — pregunte rompiendo el hielo. —Solo si tú quieres— dijo mientras tomaba mi mano sobre la mesa y hacia círculos con su pulgar. —okey, si estoy lista— dije más para mí misma que para él. Dándome ánimos para continuar. —no tienes que hacerlo sabes— Apretó suavemente mi mano. —No, quiero hacerlo— dije. — Solo estoy nerviosa— Tome una bocanada de aire para oxigenar mis pulmones mientras empezaba a hablar. —todo sucedió cuando iba a cumplir diecisiete años, estaba camino a casa, era tarde, mis padres y amigos me hicieron salir de casa, para preparar una fiesta sorpresa, pero yo ya lo sabía. Cuando iba de regreso, estaba a punto de cruzar la calle cuando un auto que iba en sentido contrario se estrelló contra mí, la calle estaba completamente vacía y no hubo nadie que pudiese ayudarme. El conductor del auto no se detuvo. Todos supusieron que tal vez uva ebrio y ni siquiera se dio cuenta. Dure un tiempo en un coma inducido, ya que si me mantenía despierta el dolor iba a ser insoportable. Y cuando por fin abrí los ojos estaba así. Los médicos dice que fue por la presión que el cerebro ejerció sobre las corneas. — dije todo de una vez. Solo podía escuchar la respiración acelerada de Antuan. — ¿Cuándo paso? — pregunto en un susurro. —19 de abril del 2009— respondí. Lo peor de sufrir accidente era hacerlo en la fecha de tu cumpleaños, eso hacía que nunca se te olvidara. Y cada año en lugar de recordar que te hacías un año más viejo, recordabas lo que habías perdido en ese tiempo. —Como lo lamento— dijo, la tristeza palpable en sus palabras, podía sentir que de verdad lo lamentaba. Cuando llego la señora Yao con nuestra comida comimos en un silencio que nunca había existido entre nosotros. Creí que lo había arruinado todo con él. Cuando terminamos de comer, salimos del restaurant directo al auto, el ambiente seguía silencioso, hasta que ya no lo soporte más y empecé a sollozar. Las lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas sin contención alguna. Llenando mi rostro. Sentí como detuvo el auto y tomo mi rostro entre sus manos — ¿Qué pasa mi chica? — pregunto, mientras con sus pulgares limpiaba mis lágrimas. —Nada, solo que no me gusta que te quedes tan callado después de oír sobre mi accidente— dije sin poder detener el llanto. —Tranquila, es solo que, no sabes lo mal que me siento al escuchar eso— dijo compungido— tengo ganas de golpear a cada persona que se me ponga enfrente— dijo. El coraje e impotencia filtrándose en su voz. — Ya llegamos, ven, te presentare a una de las personas más importantes de mi vida— salió del auto y me ayudo a bajar, aunque ya estábamos hablando sentía que no estábamos como antes, algo no se sentía bien y no sabía cómo remediarlo. —ven siéntate aquí— dijo mientras se hincaba y me ayudaba a hacerlo a mí también. — sentí el pasto rosar con mis piernas. Tomo mi mano entre la suya y la llevo al frente donde pude sentir un material duro y áspero. —te presente a Carlitos— susurro con un nudo en la garganta. — esto no es una persona. —dije asustada. — ¿Dónde estamos? — pregunte. —No. No lo es— respondió —pero lo fue hace algún tiempo, estamos en un cementerio— dijo. — Espero no espantarte pero quería que vieras donde está mi hermano— podía escuchar como su voz se quebraba al hablar de él. — ¿Hace cuánto murió?— me atreví a preguntar. —exactamente el mismo tiempo que ha pasado desde tu accidente— su respuesta me tomo completamente por sorpresa, ahora entendía porque se puso así cuando le mencione la fecha. —lo siento— dije. Me acerque a él y pase mis brazos por su cuello. Mientras las lágrimas salían de nuestros ojos. Me apretó fuerte contra su cuerpo llevando sus manos hasta mi espalda. —Yo también lo siento— susurraba en mi oído y no sé por qué me dio la impresión de que sus palabras encerraban un significado diferente. Seguimos en la misma posición por mucho tiempo, hasta que mi estómago empezó a pedir aliento nuevamente. Sentí como mi rostro se puso rojo de vergüenza. —Creo que mi chica tiene hambre— asevero mientras se ponía de pie y extendía su mano para ayudarme a levantarme— Vamos, te llevo a comer— Le tendí mi mano mientras entrelazaba nuestros dedos — tú me quieres engordar— me queje. —Claro, así nadie intenta alejarte de mí— dijo. — Además tus tripas lo piden— aseguro mientras tocaba mi estómago. Mis tripas decidieron hacerse presente en ese momento. — Vez— rio mientras me apretaba más. —Cállate— Dije besando su mejilla. — Calla y Aliméntalas— Dije siguiéndole el juego.
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