Mi nombre es Evans Shields. Tengo treinta y cuatro años y soy el menor de los tres hijos de Derek y Olivia Shields, un matrimonio americano que vive en Desamparados, Costa Rica. Mi padre es un prodigioso arquitecto que se enamoró perdidamente de mi madre, una activista tipo "Green Peace", que se había amarrado a un árbol situado en medio de un parque que él iba a demoler para construir un centro comercial. Lo de ellos fue amor a primera vista; y desde entonces mi madre lo arrastró en locas aventuras que terminaron por llevarlos a Costa Rica.
Allí nacimos mis dos hermanos y yo. Harry, de treinta y ocho años es el mayor de los tres y Andrew, quien es el segundo en la lista de los Shields con treinta y seis años de edad, comparten el parecido con mi madre, ambos tienen el cabello rubio y los ojos de un tono verde esmeralda que han sido la ruina de cientos de chicas. En cambio yo... bueno, mi único atractivo siempre fue el color de mis ojos, azules, que heredé de la madre de mi madre, o sea mi abuela; y mi cabello n***o azabache. De chico era algo desgarbado y entre mis aficiones no estaba ningún deporte, cosa que no me hacía atractivo para ninguna chica, lo que en realidad no me importaba mucho; yo era más que feliz con mis mangas y colecciones de personajes de anime... lo admito, era lo que llamaban un otaku ermitaño, aunque contaba con mi amigo Fernando, con quien compartía algunas de mis afinidades.
Luego de toda una vida de vivir en Costa Rica, decidí salir de casa y aprovechar una beca para estudiar medicina en los Estados Unidos. A decir verdad hubieron algunas situaciones muy particulares que me obligaron a tomar aquella decisión y honestamente, durante los más de diez años que han transcurrido desde que me fui, no me he arrepentido ni un solo momento de haberlo hecho... bueno, quizás los primeros meses sí fueron muy difíciles y a punto estuve de regresarme, pero después las cosas empezaron a tomar su rumbo.
Llevo una vida un tanto agitada, pero amo mi trabajo. Seis años atrás terminé mis estudios de medicina en Harvard, y luego me especialicé en neurocirugía pediátrica, lo cual me llevó otros tres años. Terminé haciendo mi internado y especialización en el Hospital General de Massachusetts en Boston, donde me quedé trabajando como residente del área de pediatría. A pesar del poco tiempo libre que me queda, aún puedo hablar con mi familia casi a diario y en ocasiones voy a visitarlos, aunque la mayoría de las veces son ellos quienes me visitan.
También tomo algo de tiempo para continuar con mi vida oculta de otaku y compartirla con la mujer más hermosa, encantadora y fascinante sobre la tierra, mi colega y prometida Lorreine; una bella pelinegra de ojos negros y cuerpo de infarto que conocí durante los años de facultad y de quien hasta el día de mi regreso a Costa Rica, me sentía profundamente enamorado; sólo que no tomaba en cuenta que el motivo por el cual dejé mi país natal, entraría nuevamente en mi vida para desordenarla por completo.
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Aeropuerto Internacional Logan, Boston
Pasajeros con destino a Costa Rica favor abordar por la plataforma seis.
—Ése es nuestro vuelo.
—Evans, espera.
— ¿Sucede algo Lorreine? Te he notado más nerviosa de lo usual conforme se acercaba esta fecha y no has querido decirme la razón, ¿acaso es que no quieres ir a Costa Rica?
—Evans, tú crees que... ¿le agrade a tu familia?
Nos habíamos detenido a medio camino de la zona de abordaje. Lorreine jugueteaba torpemente con sus dedos mientras permanecía con la cabeza baja. La notaba sumamente nerviosa y preocupada: —Amor—, dije colocando mis manos sobre sus hombros—ya te lo he dicho varias veces, mis padres van a adorarte.
—Tengo miedo de que no me acepten, si ellos no nos dan su bendición no podríamos casarnos y entonces...
—Lorreine, cariño—, puse un dedo sobre sus suaves labios— no hay nada de qué preocuparte. Papá y mamá te amaran... tal como yo lo hago.
Pasajeros con destino a Costa Rica favor abordar por la plataforma seis.
Lorreine levantó el rostro hacia mí. Sus bellos ojos negros brillaban con el asomo de las lágrimas que se habían formado en ellos. Llevé mi mano derecha de su hombro hacia su mejilla y limpié con delicadeza su rostro. Entonces me dio aquella dulce sonrisa, la cual era una de las razones que me había hecho amarla.
—Creo que ahora sí estoy lista— dijo, y continuamos nuestro camino hacia la zona de abordaje.
Era lógico que mi novia estuviera nerviosa. Íbamos a presentarla a mis padres por primera vez en dos años de relación y además les llevaríamos la noticia de que decidimos casarnos. Sabía que con lo de la boda de Andrew, que era el verdadero motivo del viaje, mis padres tendrían suficiente para volverse locos, pero ya no podía seguir retrasando el momento por más tiempo. Lorreine merecía que yo le diera su lugar y dejara de esconderla como si fuera mi sucio secreto.
Podía comprender exactamente como se sentía mi novia. Mientras caminábamos tomados de las manos, miraba de reojo la forma delicada de su cuello y su moño desaliñado, dejaba algunos mechones de cabello n***o sueltos, incitándome, provocando que quisiera besarla allí, frente a toda la multitud y guardas de seguridad, lo cual probablemente no era una buena idea, pero en ese momento me sentía más enamorado de ella que nunca.
Me concentraba en esos pensamientos para alejar de mi mente la idea que me tenía más que nervioso desde que dejamos nuestro apartamento para dirigirnos al aeropuerto, esa idea en donde mamá, papá o cualquiera de mis hermanos pudiera mencionar frente a Lorreine mi más grande decepción amorosa, sería vergonzoso que ella lo supiera, además ese recuerdo era algo que pertenecía a un pasado muy lejano que yo me empeñaba en dejar atrás, algo que debía quedar en el olvido para siempre.
— ¿Evans?... debes entregarle tu pasaporte—dijo mi novia sacándome de mis pensamientos.
—Sí... por supuesto... disculpe.
—Me parece que ahora es otro el nervioso.
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—Liv, apresúrate, el vuelo de Evans llegará en cualquier momento, ya estamos retrasados—Derek observó su reloj por quinta vez.
—Bajo en un momento cariño.
—Déjame adivinar, mamá está retrasada—mencionó de forma juguetona Andrew.
—No sería Olivia Shields de no estarlo.
—Los estoy escuchando—dijo la aludida desde el final de la escalera. — ¿El auto está listo?
—Harry y Melanie nos están esperando desde hace más de media hora—respondió el pelinegro exasperado.
— ¡Pero qué humor cariño! —Replicó Olivia bajando las escaleras— Con ese ánimo no harás más que espantar a nuestro hijo de vuelta a Estados Unidos.
Derek se apretó el puente de la nariz y suspiró: —Salgamos de una vez, el avión debe estar por aterrizar.
—Espera papá—, dijo Andrew—quedé en llamar a Mónica para avisarle cuando salíamos hacia el aeropuerto.
—Puedes hacer eso desde el auto, Drew, ahora estamos más que retrasados.
Los tres salieron de la casa y se dirigieron al auto que estaba estacionado frente a la acera, adentro estaban Harry y Melanie, esperándolos.
—No sigas con ese tono acusador Derek—, decía Olivia mientras caminaban— con el tiempo te has vuelto un viejo quisquilloso.
— ¿Otra vez discutiendo? —preguntó Harry a su hermano cuando llegó al auto.
—Ya sabes cómo son... mamá duró más de la cuenta en arreglarse y papá la emprendió contra ella—. Andrew suspiró— Por cierto, ¿no trajeron a David con ustedes?
—No cabríamos en al auto al regreso del aeropuerto—respondió Melanie.
— ¡Creo que hiciste mal las cuentas cuñada! Sólo vamos por Evans.
—Sí, —dijo Melanie dándole una mirada de complicidad a su esposo— creo que tienes razón.
Una vez que todos estuvieron en el auto, Harry arrancó y tomó la carretera hacia el aeropuerto Internacional Juan Santamaría en Alajuela. Era un día agradable, los árboles de cerezo comenzaban a florear, llenando los paisajes de hermosos colores, era el escenario perfecto para la boda de Andrew con Mónica, una hermosa castaña de ojos verdes que había conocido en unas vacaciones por el Caribe. Para su suerte ambos vivían en Desamparados, aunque nunca antes se habían visto, pero sólo bastó con verla a bordo de aquel barco para que Andrew supiera que ella era el amor de su vida.
— ¿Cuánto falta para que llegue el vuelo de Evans? —preguntó Harry.
—Estará aquí en menos de una hora. —respondió su padre algo preocupado por el tiempo.
—Bueno, entonces sujétense bien los cinturones.
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—Es extraño... mis padres deberían estar aquí.
—Quizás tuvieron algún retraso, a estas horas el tráfico es muy pesado.
—Tienes razón... aunque es curioso que mi padre no haya previsto eso... no sabes cómo es, es un friki del control.
—Se parece a alguien que yo conozco.
—Oye no... te lo aseguro... mi padre está en otro... —volteé a mirar un auto que corría a toda velocidad, como si fuera una pista de carreras. —nivel. —terminé la frase con una mano sobre el rostro, esperando ver las luces azules y rojas de una patrulla de tránsito detrás del auto de mi familia.
— ¿Sucede algo, amor?
—Nada... sólo que la "familia Adams" acaba de hacer su arribo.
La sonrisa de superioridad de Harry hizo que mi ojo izquierdo brincara. Había esperado que mi genial hermano mayor no le diera por hacer una carrera individual de fórmula uno llevando a toda mi familia consigo, pero era demasiado pedirle a alguien como Harry, su vida era la velocidad y lo extremo, según sus propias palabras.
—Mi pequeño bebé—. Exclamó mamá acercándose a mí— Te he extrañado tanto.
Devolví su muy efusivo abrazo, rojo como un tomate porque mi futura esposa estuviera observando las cursilerías de Olivia Shields. —Yo también te extrañé, mamá.
—Evans, hijo. —Papá se unió al abrazo—Has crecido mucho desde la última vez que te vimos.
— ¡Que fue sólo hace unos cuantos meses!
—Meses... años... ¿qué más da? El tiempo es tiempo, hijo, cada minuto que pasa...
—Algo en nosotros cambia. —repetimos Harry, Drew y yo a coro.
— ¿No queda un poco de amor para tu hermano mayor, renacuajo?
Mamá y papá se apartaron y dejaron que Harry me abrazara, levantándome en el aire como siempre hacía desde que yo tenía uso de memoria, avergonzándome aún más de ser posible frente a Lorreine.
—Me... cortas... el aire. —le dije con dificultad y Harry me puso abajo.
— ¡Déjenme unirme a la fiesta!
Andrew se abrazó a nosotros. Por unos segundos olvidé que ellos hicieron de mi infancia un infierno. Estar con mis hermanos era sencillamente estar en casa, como si el tiempo no hubiera pasado, como si se hubiera detenido en mi infancia y los tenía a ellos a mi lado para apoyarme.
— ¿Y Melanie?
—Acá estoy, Evans, es un gusto tenerte de vuelta.
Saludé a la esposa de mi hermano, no muy efusivamente porque Harry es algo celoso y no le gusta que nadie se le acerque a su sirena, como él le dice, aunque ese alguien sea de la familia.
— ¿Tienes tus maletas listas, hijo? —preguntó mamá.
—Antes que nada familia... hay alguien que quiero que conozcan—. Volteé hacia mi chica, que estaba prudentemente a la distancia, esperando que yo terminara de saludar a los míos para acercarse—Familia... ella es Lorreine Wright... y vamos a casarnos.
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Días después de mi llegada a Costa Rica y de que mi madre volviera a hablarme, ya que se había molestado porque no presenté antes a mi novia, estábamos instalados en casa de mis padres y colaborando en todo lo posible para la preparación de la boda de Andrew y el evento más cercano, la cena de ensayo.
Instalarse en la casa de los padres cuando se tiene treinta y cuatro años y una prometida puede resultar en una guerra campal, por supuesto si se tiene a unos padres tan contrarios como los míos; por un lado mamá con su forma liberal de ser decía que no era necesario que estuviéramos en habitaciones separadas, como si no se supiera lo que hacíamos estando solos; por otra parte mi padre, algo conservador, no estaba de acuerdo con ella. Lorreine y yo optamos que lo mejor sería que ella se quedara en la habitación que había sido mía y yo estaría en la de Harry.
Nunca había visto a mi hermano tan feliz y al mismo tiempo nervioso, parecía irradiar felicidad pura, al grado que en cuanto conocí a Mónica y estuve con ellos en la misma habitación, me dieron ganas de vomitar. Pasaban todo el tiempo haciéndose arrumacos, la mirada de cordero a medio degollar de Mónica me perseguía aún en mis sueños.
Para mi suerte Lorreine y yo éramos diferentes, ambos sabíamos muy bien lo que queríamos y también éramos bastante maduros. Entre nosotros no había ese tipo de cursilerías baratas de las que venden los libros, no... nuestro amor era maduro y...
— ¡Aburrido! —escuché la voz de Harry en el pasillo de afuera y cerré mi cuaderno—Te has vuelto un aburrido, Drew, tienes que salir, vivir los últimos días de vida que te quedan.
—Me voy a casar Harry, no me voy a morir.
—Es bastante parecido... te lo aseguro.
—Estoy aquí abajo cariño.
—Yo también te amo, sirena—. Respondió mi hermano haciéndome reír—Te lo digo en serio Drew, hagamos algo como en los viejos tiempos. Solo tú, yo y el renacuajo, ¿qué dices?
—Conmigo no cuentes para tus locuras Harry.
— ¿Tú también, Evans? —dijo mi hermano abriendo la puerta de la habitación—Tu chica está en casa de sus padres esta noche y Mónica está como loca con los preparativos de su despedida de soltera.
— ¿Despedida de soltera? —Preguntó sorprendido Drew—Eso no es posible, si ambos acordamos que no lo haríamos.
— ¡Harry! —gritó Mel desde abajo.
—Lo siento, sirena, se me escapó.
—Si Mónica tendrá su despedida, yo también tengo derecho a tener la mía.
— ¡Esa es la actitud!
—No creo que la fiesta de ella se compare con lo que tienes en mente para tus hermanos, cariño.
—Eso no lo sabes, sirena, además si lo creyeras de verdad no te hubieras negado a ir a la fiesta.
Mel se sonrojó, lo cual sólo le confirmaba a Andrew que la fiesta de su prometida, no sería nada inocente.
— ¿A dónde es que iremos?
Harry dio una carcajada: —Eso déjalo en mis manos, Drew. ¿Evans?
—Será mejor que vayas—, me dijo Mel—alguien debe ser la voz de la sensatez.
Suspiré. —Voy a cambiarme.
— ¡Excelente! —Gritó Harry haciendo una señal de victoria— El trío Shields devuelta a la acción, nena.
—Harry...
—No te preocupes cariño... prometo que no haremos nada estúpido.
Por supuesto. Como si eso fuera posible.