El viernes amaneció gris, con esa lluvia fina de Madrid que no moja pero cala hasta los huesos. Llegué a la oficina a las ocho menos cuarto, con el pelo recogido en un moño apretado y el mismo traje n***o de chaqueta cruzada que usaba cuando necesitaba sentirme blindada. Sergio se había ido temprano a la obra; solo me dejó una nota en la nevera: “Que tengas un día cojonudo. Te quiero. S.” La leí dos veces y la tiré a la papelera sin contestar el mensaje que me había mandado a las siete: “Buenos días, amor. ¿Café esta tarde cuando salgas?”. No respondí. No porque no quisiera. Sino porque no sabía qué decir. A las diez y veinte recibí el correo. “Asunto: Revisión final – Estructura Ramsey Holdings (urgente) Serena, Tras una segunda lectura nocturna he detectado algunas inconsistencias m

