Capitulo 3

1646 Words
— Emili, ¿podemos conversar un momento? — Lo miro con cara de pocos amigos y me vuelvo a voltear para seguir conversando con mis amigas; no me interesa hablar con él. ​— ¡Por favor! —exclama tomando mi mano. Siento una electricidad recorrer todo mi cuerpo, lo cual me hace separar mi mano de la suya, y le respondo: ​— Yo no tengo nada de qué hablar contigo, Juan —lo digo viéndolo a los ojos para que me crea. ​— Yo sí tengo mucho que decirte, Emili —lo siento suplicar, pero no puedo caer ante esos ojos que me matan. ​— Lo siento, pero no estoy interesada en lo que quieras decirme. ​— ¿Qué prefieres entonces? ¿Que te lleve a la fuerza? —Me acerco de forma peligrosa a él, desechando todos mis sentimientos y deseos, y le digo de forma retante: ​— No te atreverías... —Y cuando creo que se va a lanzar sobre mí, de nuevo aparece alguien; ahora es mi padre, saludándolo. ​«Ahora que pienso regresar». Fue lo único que pude escuchar de todo lo que dijo. ¿Ahora piensa regresar después de siete años perdido? Por Dios, que se regrese por donde vino. Y para completar, nuevamente aparece Carlos tomándome por la cintura; le dice a papá que lo están buscando y se va, llevándose consigo a Juan. ​— ¿Por qué tienes que hacer eso, Carlos? ¿Acaso estás tratando de demostrar algo a alguien? —le pregunto, aunque ya sé su respuesta. ​— Por supuesto que sí. No le puedo dar cavidad a que piense que pueda tener una oportunidad contigo. ​— Como si me importara lo que él piensa o quiera. Ni siquiera lo que pienses tú me importa, así que deja de molestarme —me voy de nuevo con mis amigas, las cuales me bombardean a preguntas. ​— ¡Amiga! ¿Quién es ese papacito? ¿Es tu nueva conquista? ¿Piensas dejar a Carlos por él? ¡La verdad es que está mucho mejor! ¡Siento que lo he visto antes! ​— ¡Ya, chicas, paren! Nada de lo que dicen va a pasar. Están locas y la verdad, no creo que no sepan quién es. Sí, por supuesto que lo conocen... es Juan, mi ex del colegio. ​— ¡¿Qué?! ¿Juan Da Silva? ¿El maldito que te traicionó con la mujercita esa? ​— Sí, chicas. Y, por favor, no sean tan específicas en sus comentarios, que ya me sé esa historia de memoria y la he tratado de olvidar todos estos años. ​— Lo sentimos, amiga. Es que no pensamos que algún día volviera y que, de paso, estuviera detrás de ti después de lo que hizo. ​— Así es la vida. Llegó con su cara bien lavada, como si nada hubiera pasado, a querer hablar conmigo y explicarme qué sé yo qué. Pero está equivocado: no le voy a dar ni la más mínima oportunidad de acercarse a mí. No lo quiero cerca. ​— Muy bien, amiga. Te costó mucho recuperarte después de esa relación, así que no debes caer ante él aunque esté hecho un papacito. Deberías hacerlo sufrir para que vea lo que se perdió —pongo mi cara de malvada, porque sé la mejor manera de vengarse de un hombre y soy una experta en eso. ​Después de un rato lo busco con la mirada por todos lados, pero no lo veo; imagino que se fue. Sin más, sigo tomando con mis amigas hasta medianoche. Cuando todo termina, Carlos me lleva a mi apartamento, ya que me negué a ir con él a su casa simplemente porque no tenía ganas de tener sexo hoy. No le quedó más remedio que dejarme allí e irse furioso. ​Llego, me doy una larga ducha y me lanzo en mi gran cama, la cual no pienso compartir jamás con nadie. Pero no puedo dormir. Doy mil vueltas y, sin más, me pongo a llorar recordando la promesa que nos hicimos cuando apenas yo tenía 15 años y él 17. Esa promesa de amor que duró muy poco... y luego pienso en lo que me hizo después con esa mujer. **************************************** — ​Llego al hotel, me doy un largo baño con agua fría, ya que quería quitarme todo el mal humor que sentía por lo acontecido esta noche. Ni siquiera quise cenar. Me lanzo en la cama viendo al techo y me pongo a pensar en ella, en lo hermosa que está. Sigue siendo luz para mis ojos. Recuerdo lo que pasó hace siete años, cuando éramos unos adolescentes, y en todo lo que nos hicieron Carlos, César y esa mujer para separarnos. ​7 años atrás ​Estamos sentados Emili y yo en el jardín del colegio en horas del receso. Como siempre desayunábamos allí, era normal para todos vernos juntos. Fuimos amigos desde muy niños; nuestros padres se conocen desde jóvenes y, si ellos no iban a nuestra casa, nosotros íbamos a la de ellos a pasar el fin de semana. Así fuimos creciendo hasta ahora, que ella tiene 14 años y yo 16. Andábamos juntos de arriba para abajo como mejores amigos, ya que no nos habíamos dado cuenta de que sentíamos algo más hasta un día... ​— Hola, Emili —la saluda César, un compañero de clase. ​— Hola, César. ¿Cómo estás? ​— Bien, gracias. Quisiera conversar algo contigo, ¿podríamos dar una vuelta? ​— No creo, estoy con Juan. Si quieres me lo puedes decir aquí; él puede escuchar cualquier cosa que me quieras decir. ​— ¿Estás segura? ​— Sí, por supuesto. ​— Bueno, lo que te quiero decir es muy sencillo: tú me gustas desde hace un tiempo y quisiera saber si quieres ser mi novia. ​— De repente sentí que me estaba quemando por dentro. ¿Cómo es posible que ese tonto le esté pidiendo a Emili ser su novia en mi propia cara? Ella me ve y se pone roja. ​— Lo siento, César. No sabía de tus sentimientos hacia mí. Ser novios de la noche a la mañana no lo creo conveniente; ni siquiera nos conocemos bien. Tú eres de otro año y no sé qué te gusta y tú no sabes lo qué me gusta, no conozco nada de ti. ​— Lo sé, pero podemos ir conociéndonos poco a poco ya siendo novios, ¿qué dices? ​— No lo sé, déjame pensarlo. ​— Ok, el lunes nos vemos para que me des tu respuesta, ¿sí? Ya que hoy es viernes y no hay más clases hasta ese día. ​— Muy bien —dice ella, y él se va. Yo me siento molesto y no sé por qué, así que tomo mis cosas para irme. ​— ¡¿Qué pasó?! ¡¿A dónde vas?! ¡Aún no termina el receso! —pronuncia Emili, extrañada porque me voy. ​— ¡A mi salón! ¡¿A dónde más?! ​— ¡Ay! Pero qué humor... ¿Qué te hice para que me trates así? ​— Nada. Nos vemos después — Y me fui dejándola ahí. ​Esa tarde me fui solo; no la quise ni acompañar ya que me sentía molesto y no sabía por qué. Llegué a casa, me dispuse a terminar mis tareas y ya en la noche me llega un mensaje de ella. ​MENSAJES ​ELLA: ¿Estás molesto? ​ÉL: ¡NO! ​ELLA: ¿Y por qué me dejaste? Me quedé sola esperándote como una tonta a la salida. ​ÉL: Lo siento, tenía algo que hacer y me vine corriendo. ​ELLA: ¡Vaya! ¿Más importante que yo? ​...... 5 minutos después ...... ​ELLA: Veo que sí, porque ya ni respondes. ¿Acaso me has cambiado por otra? ​ÉL: Eso lo puedo decir de ti... ​ELLA: ¿Y por qué de mí? ​ÉL: Por César. ​ELLA: ¿Y qué tiene que ver él, si mi corazón es solo tuyo? ​ÉL: ¿¿?? ​ELLA: ¿Qué? ¿No te has dado cuenta? ​ÉL: ¿Cuenta de qué, Emili? ​ELLA: ¡De que mi corazón es solo tuyo! ​ÉL: ¡Mi corazón también es solo tuyo! ¡Por eso somos los mejores amigos, ¿no?! ​ELLA: ¡Amigos, claro! ¡Y los mejores! Por eso no te va a importar si me hago novia de César, ¿verdad? ​ÉL: No me importa. ​ELLA: ¿Y por qué no te importa? ​ÉL: Puedes hacer lo que quieras, es tu vida. ​ELLA: Por supuesto. Hoy, como no llegaste y me quedé esperándote, César me acompañó a casa. ​ÉL: Bien por él. Ya sabe dónde vives. ​ELLA: Pues sí. Espero que no se vuelva una molestia. ​ÉL: Voy a dormir, hablamos después. ​ELLA: Has actuado muy raro hoy. ¿Algo te pasa? ​Sin respuesta...... ​Y así llega un nuevo día. Me paré un poco tarde ya que hoy no hay clases; es mi día de descanso. Lo primero que hago es ver mi teléfono para decepcionarme al no encontrar respuesta de Juan. Ni siquiera un mensaje de buenos días me envió. Sí que está raro... ¿Qué le pasará? Me ducho y voy por mi desayuno a la cocina, ya que a esta hora mis padres ya habrán desayunado. ​Después de un rato llamo a Juan. No me contesta al primer timbrazo como siempre, sino al segundo. ​— ¡Hasta que contestas! ¿Qué hacías, se puede saber? —No lo dejo ni hablar. ​— No se puede saber, Emili...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD