Estaba tumbado boca arriba, con Sally encima. Apenas podía girar la cabeza lo suficiente para ver la hora en la radio-reloj. Completamente despierto a las dos y veinte de la madrugada. Estuve tentado de quitármela de encima, pero no lo hice. Nos habíamos metido en la cama hacía tres horas y enseguida se puso a mis pies. Sally, la alta y delgada, era una mujer muy agresiva. Le devolví el favor. Sally quería un 69 y la complací. Lo quería en la posición del misionero y la complací. Lo quería a cuatro patas y la complací. Intentó llevarme al límite y lo consiguió. Se desplomó sobre mi pecho y se quedó dormida. Ahí estaba a las dos y veinte de la madrugada. Sally tenía orgasmos únicos. Al menos, para mí eran únicos. Cuando se acercaba uno, empezaba a temblar, luego a estremecerse, y al llega

