MUCHOS AÑOS DESPUÉS
La joven mujer había llegado a una conclusión luego de todo ese tiempo: la vida no le sonreía... se le cagaba de risa en su propia cara.
Primero no había tenido más opciones que volver a ese pueblo inmundo. Luego casi la había atropellado una maldita limosina con chicos yendo evidentemente a su fiesta de la prepa.
Y para colmo hubiera jurado que conocía a esos mocosos. La niña era la pequeña hermana de Ronnie, estaba segura, pues quizá ella no había vuelto a pisar el suelo de ese pueblo mugroso pero sí estaba al tanto de las novedades de ese lugar, a través de su tía...
Por otro lado, el chico era el clon de Taylor Tyler. Por ende sería su hijo... también le había llegado el rumor pero según sabía, el mejor amigo de su novio de secundaria Ronnie, era viudo o algo así.
Carly suspiró con hartazgo mientras finalmente ponía sus pies en polvorosa, o dicho de otro modo, llegaba después de todo a su casa familiar. Con un suspiro miró la fachada de madera vieja, despintada, y el felpudo sucio.
Solo de observarlo todo desde la puerta y sus ojos se llenaron de lágrimas. Su casa se estaba viniendo abajo... su maldito hermano se había gastado cada centavo que ella había mandado y cuando se acabó el dinero desapareció y ahora el lugar estaba a punto de ser rematado... su madre había muerto en un accidente hacía años, su abuela de un ataque al corazón... Y su tía y esa casa eran lo único que le quedaba a Carly en ese maldito mundo que parecía empecinado en darle una y otra vez la espalda. Sonrió triste. De la joven que había partido de Tyler con una maleta llena de sueños, no quedaba nada excepto esa belleza eslava que aún conservaba.
Pero Carly había descubierto rápidamente que Los Angeles estaba plagado de chicas bellas y llenas de sueños como ella. Suspiró y estaba por llevar su mano al pomo para abrir pero la tía Charlie le abrió la puerta. Arrastraba un carrito con un tanque de oxígeno y tenía una bigotera. Se la veía pequeña y marchita dentro de su bata vieja... la única familia que le quedaba en el mundo... a pesar de no haber vuelto, ella le había mandado pasajes y cuando todavía estaba bien, su tía había ido algunas veces a visitarla, cuando estaba bien... pero ahora estaba muriendo y no le quedaba nadie más que su sobrina Carly, pues el muchacho quedaba descartado...
Para la joven mujer, la noticia del estado de su tía no pudo llegar en peor momento... o quizá mejor, para el caso.
Charlie miró a la mujer en la puerta, el mismo cabello rubio apenas ondeado más corto, los ojos azules dónde ya no quedaba rastro de inocencia... Aún así se tiró a sus brazos como si fuera su tabla de salvavidas y la joven mujer, en sus 40 la aferró fuerte.
— Creí... creí que no vendrías...— admitió la mujer, con la voz entrecortada, compungida.
Carly olió su cuello al abrazarla... el olor de su perfume a rosas mezclado con el aroma a tabaco impregnó sus fosas nasales.
— No sé supone que fumes tía...— la reprendió con amor. Y se alejó un poco de ella para observar su rostro.
La mujer se alejó de ella e hizo un gesto para desestimar el tema.
—Soy vieja y enferma... y ya me queda poco hija... y no tengo muchos gustos para darme ya...— le respondió con la voz ronca.
Carly enmudeció, no supo que decir...
— Me tienes a mi... ¿acaso eso no importa??? — preguntó con un hilo de voz — Eres... lo único que me queda tía...
—Pero ¿y seguir viviendo así???— le respondió la mujer a su vez.
— Tíaaaa...
— Vamos Car, sabes que tengo razón...aparte ¿qué carajos te pasó? tienes las rodillas con sangre, por Dios, ¿cómo no me di cuenta antes??? ¿Qué te pasó? Ven que te curo...— murmuró y la empujó dentro.
Carly la siguió, absorbiendo los aromas familiares y se le estrujó el corazón. Parecía que el tiempo no hubiera pasado casi, pero si tenía que ser objetiva la casa había visto mejores días. Ya que no estaba mejor por dentro que por fuera, el mismo papel viejo en las paredes, gastado y corroído de flores, el sofá donde se sentaba la abuela con su tapizado marrón gastado de cuero, que ya estaba hundido por el tiempo.
Hasta la TV era antigua.
— ¿Dónde está la TV que les compré? — ella les había mandado una nueva.
La mujer agitó la cabeza. Y rehusó mirarla.
— Tu hermano...
— Maldito bastardo — siseó ella.
— No lo culpes... creció como pudo, creo que lo de tu madre lo afectó demasiado...— el joven había heredado los vicios de sus padres y el gusto por la mala vida.
— A mi también me afectó y no ando robando ni drogándome...— gruñó ella conteniendo sus lágrimas. Aunque hubo un momento en Los Angeles... ella alejó ese pensamiento de su cabeza, había pasado demasiado.
Ella había mandado dinero. Siempre, desde el principio casi. Para su abuela y su tía cuando esta aún vivía, mandó regalos, y suponía que Peter habría pagado la hipoteca de la casa... pero su tía desahuciada le había confesado la verdad , su hermano Peter había dilapidado ese dinero. Maldito bastardo, pensó Carly con asco... hijo de puta, escoria... según sabía se había ido a El Paso, dónde vivía con su novia stripper a quien estaría explotando...
Carly había tenido novios así, un escalofrío estremeció su cuerpo con los malos recuerdos.
El último novio de la rubia parecía un tipo normal, con un empleo y todo... resultó ser un jugador de poker empedernido y no de los buenos, al final vació sus cuentas y su apartamento... y la dejó sin nada...casi solo con lo puesto. Luego de eso todo se había ido a pique
Eso la llevó a vender contenido erótico por fuera de la plataforma que la tenía contratada de manera exclusiva y dónde en un momento había sido una de sus estrellas... Esos hombres a los que les vendió por fuera del sistema eran clientes conocidos, así que creyó que no la descubrirían...y necesitaba el dinero...
Pero sí la descubrieron, rompieron su contrato y no solo eso... lograron que no pudiera trabajar en ninguna plataforma más y aunque no lo pudo probar, hackearon sus redes, perdió miles de seguidores...
Y aunque Carly tenía una cartera de clientes, el mercado se movía rápido, más el del contenido erótico... y ella estaba vieja, y cansada... cuando llegó el mensaje de su tía no pudo ser el peor momento. O quizá el mejor, según como se lo viera.
No sabía cómo pagaría su renta y estaba considerando un trabajo de mesera. Aunque hacía años que no trabajaba de eso.
Solo de joven... lo hizo, cómo todos en Hollywood...y como la mayoría terminó en el mercado del entretenimiento para adultos...
Carly se abrazó el cuerpo cuando a su mente se le vino un mal recuerdo.
No había tenido suerte, esa era la verdad.
Todo había ido mal desde que su tía y su tío la echaron de su casa en L.A. ... aunque él se había querido propasar primero, su tía no le creyó.
Después las cosas no mejoraron...hizo algún papel secundario, publicidades, pero su carrera nunca logró despegar: "Hay miles como tú aquí, eres una más". Eso le había dicho cuando aún era joven un productor.
Al final había trabajado como stripper, en una hot line, y luego haciendo videos eróticos... sin contar con su triste paso por el rubro de las películas porno. Pero descubrió con demasiada rapidez que eso no era para ella... era más seguro vender contenido sin contacto con otros, aunque las películas dejaran más dinero, también podían dejarte con el ano fisurado en la clínica y una cuenta de hospital a pagar.
Carly suspiró y acarició el respaldo del sofá de su abuela y se sentó. Todavía olía a tabaco...
No se dio cuenta qué tan perdida estaba en sus pensamientos, ni de que su tía había ido a buscar un botiquín para limpiar su lastimada rodilla.
— Deja tía...— la reprendió con cariño y un par de ojos azules idénticos a los de ella la miraron con amor.
— Déjame tú pequeña...— lo que no le decía su tía Charlie es que estaba en sus etapas finales, mucho peor de lo que creía Carly... su tía estaría muriendo de modo inminente y nada ni nadie podría detenerlo.