(Pov Fabiola) El horno despierta antes que yo. A las cuatro de la mañana ya ruge en la panadería de mi tía, y el olor a pan caliente se filtra por cada rincón de la casa. Es un aroma dulce, reconfortante, pero a mí a veces me asfixia. Es el recordatorio de que vivo una vida prestada, hecha de rutinas que no me pertenecen. Con las manos hundidas en la masa intento olvidar, pero mis pensamientos siempre regresan al mismo punto. Ángel. No importa cuántas veces me repita que debo pensar en mi hijo, que debo concentrarme en estar a salvo, él aparece. En la harina que se pega a mi piel como ceniza. En el vapor que sube del horno y me nubla los ojos. En la quietud de las madrugadas, cuando el silencio se confunde con su voz. —Fabi, pásame la charola —dice mi tía Leticia, sacándome de mis pen

