La fresca brisa de la mañana apenas lograba atenuar un poco del calor que se sentía en la calle. La noche anterior hubo una fuerte tormenta, algo propio de la estación, sin embargo y contra los pronósticos de los meteorólogos, el sol había hecho su aparición en todo su esplendor, y no parecía que fuera a esconderse. Selene cruzó la calle apresurada, mientras el semáforo permanecía alumbrando en color rojo, sorteando a las personas a su alrededor. A pesar de estar rodeada de mucha gente, no podía evitar sentir un gran vacío, como si en realidad estuviera atravesando un estrecho y solitario pasillo, como si fuera intocable, viviendo dentro de una burbuja, su propia burbuja de realidad. Los últimos acontecimientos la estaban sobrepasando. Sentía que por mucho que corriera, con cada paso que

