Ojos azul zafiro. Sonrisa perfecta de dientes blancos y aliento a menta. Es en lo primero que pienso cuando trato de recordarlo, y para mi desgracia es lo único que recuerdo de él. Del tiempo que pasé encerrada en la cabaña lo recuerdo todo, cada cosa que había en aquel sucio lugar, la cama a la cual estuve amarrada... la visión de la puerta que daba salida hacia el exterior y por donde lo veía entrar, con su vieja chaqueta negra, sus pantalones de jeans sucios y su camisa de impecable color blanco. Cada día era lo mismo. Entraba por la puerta luciendo su estúpida sonrisa de dientes perfectos, con un plato de comida en la mano el cual dejaba cerca para que yo lo tomara. Luego venían los golpes por no querer comer. —Necesitas alimentarte bien, —me decía—no queremos que te mueras de hambr

