Al día siguiente, Sharis despertó de un sobresalto, dejó el celular encendido, lo olvidó por completo, no quiso poner la alarma, deseaba dormir un poco más. Al ver el celular notó que el número era de fuera, enseguida se puso en pie para contestar la llamada, no se escuchaba muy bien.
—¡Hola! ¿quién habla? es Sharis… ¿Quién es?
Ella, se quedó por unos segundos, esperando a ver quién era.
—Sharis, ¿eres tú? soy Ibrahim… Necesitaba escuchar tu voz, tu respirar apenas pude llamarte, no debería hablar mucho, perdona, no pude despedirme esa vez, no me dieron tiempo para nada, si acaso para tomar algunas cosas, fueron por mí, lo siento mucho, estoy en la hora del almuerzo, metido en un baño, pude traer el celular, pero no había tenido la oportunidad de llamarte.
—Ibrahim, ¿cómo estás? No puedo creerlo, no puedes hacer esto. Si te descubren estarás perdido… Debes colgar.
—No. Lo haré luego, necesito saber de ti, dime algo que me estoy muriendo, aquí encerrado sin poder verte, ni oírte y mucho menos tocarte, besarte, te necesito.
—Ibra por Dios, no debes decir esas cosas, tomaste una decisión. Yo estoy rehaciendo mi vida, no puedo hacerte más daño del ya te hice… Perdóname por favor, sigue tu camino, olvídame. Eso debes hacer.
—No lo haré… ¿Por qué habría de hacerlo? yo decidí seguir mis estudios y tenerte a ti, no me importa, así viviré para darle capricho a cada quién.
—Por favor, yo estoy saliendo con otra persona, ya no puedo seguir en este juego, sigue buscando a Dios que yo seguiré buscando como olvidarte, tendrá que ser en brazos de otro hombre.
—Sharis, mi amor no puedes hacerme esto, pronto saldré de aquí.
—Ya es tarde Ibrahim, no obstante, si te sirve de consuelo, yo aún te amo, pero este amor es imposible. Debes entenderlo tengo el mundo encima de mis espaldas, mi padre por un lado y mi abuela igual, ya no más… Solo me queda decirte adiós.
—Mi amor no me hagas esto, voy a morirme sin ti, ¿eso quieres? Entonces lo haré, ya no puedo sacarte de mi vida, entiéndelo Sharis.
La chica colgó el celular, sus ojos se llenaron de lágrimas, nuevamente está sintiendo su corazón destrozado, no lo quiere dejar, solo desea ir en su búsqueda sin importarle el mundo, la tentación de Sharis no la puede controlar. Lo ama más que a nada en el mundo, se llevaría a todos por delante sin importar nada… pero de que serviría si él está entregado en cuerpo y alma a su vocación, propósito o como lo puedan llamar.
No compartirá el amor que le profesa a Ibrahim, con lo que él tiene con Dios. Es muy difícil comparar algo que se vive intensamente, con alguien que no se ve, pero existe.
El chico quedó destrozado, sus padres fueron esa tarde después que el avión despegó y él regresó a la villa, lo estaban esperando, se les había hecho tarde, la espera tenía mucho tiempo, por esa causa no pudo llamar a Sharis en todo ese tiempo.
Con todas esas palabras salidas de los labios de la mujer que ama, Ibrahim quedó destrozado, estaba demasiado confundido,
Sharis no se imagina el mal causado a ese joven, él tendrá el momento para sacudirse y olvidar, todo ese pasado que lo atormenta demasiado. Él no desea dejar el sacerdocio, pero tampoco se resigna a perder a Sharis.
La solución está en sus manos, dejando el convento… Amaría sin reserva a esa mujer, sin pensar en la familia y en todo lo demás, pero no se atreve, ella está ahí esperando por la decisión de Ibrahim, sin embargo, él no se decide, seguirá viviendo un tormento inagotable eso si no acaba antes con su vida. Ibrahim, se flagelaba frecuentemente, su obsesión por servirle a Dios y amar a una mujer, lo estaba llevando a la destrucción física, mental, corporal y social.
Todas las estudiantes, incluyendo los más pequeños del colegio, las hermanas… lo observaban con mucha preocupación.
—Buenas, Joven Ibrahim, ¿cómo está usted? ¿se siente bien? Lo noto preocupado —comentó la madre superiora, Sor Gertrudis.
—Si madre estoy bien, no debe preocuparse, es solo que no he podido dormir bien… es todo.
—Ibrahim, hijo, cualquier eventualidad, angustia, pesares sabes que puedes contar conmigo, yo puedo ayudarte, te noto muy mal, ¿No te agrada el lugar?
—No diga eso, por Dios, Madre, es un sitio hermoso y lleno de paz.
—Dices lleno de paz, pero no la encuentro en ti, debes estar pasando por algo muy grave, te conozco desde que naciste, y nunca te había visto tan mal… ¿Qué puede tener un muchacho como tú? Que ha estado toda la vida en estos sitios llenos de amor, de tranquilidad, deberías estar contento, feliz, pero no noto nada de eso en tus ojos.
—Puede ser cierto, pero lo que sea ya se me pasará madre, tenga por seguro que así será.
—Eso espero hijo por tu bien y el de toda esta comunidad, no te falta mucho para formarte como sacerdote.
—Estoy esperando, madre… saldré de este lugar convertido en cura.
—Eso… Así se habla, ponga su mente en orden, pídale mucho a nuestro señor, él escuchará sus ruegos le dará fuerzas para seguir adelante, hágame caso, olvide todo lo vivido antes de entrar en este cenobio al servicio de Dios nuestro señor, todos los que se refugian bajo su manto seremos protegidos.
—Tengo mucho pesar, Madre Superiora y eso me hace sentir un pecador, mis pensamientos a veces son de otra manera, no sé si me entiende, pero es difícil a veces de controlar. ¿Qué puedo hacer madre? Dígame usted que me conoce.
—Te aconsejo Ibrahim, entrar a los grupos pastorales, o ¿Ya estás en alguno?
—No madre, no lo estoy, es una buena idea… lo tomaré en cuenta.
—Debes discernir tu situación ante Dios, hacer retiros más frecuentes, la soledad y la meditación te ayudaran, busca un guía espiritual… veras diferente tu carrera. En caso de haberte enamorado estando en tu carrera, puedes decidir, de lo contrario, debes olvidarte de ese amor para siempre o simplemente dejar todo esto e ir tras él, la decisión es solo tuya.
—Gracias… lo sé, mi decisión es estar aquí, tomaré al pie de la letra sus consejos Madre, necesito decirle algo en confesión, usted es mi madrina de bautismo, confiaré en usted.
—¿Qué pasa con el padre Francisco? Él puede ayudarte mucho… eso creo.
—No, prefiero confiar en usted, tal vez me entienda mejor, lo digo como si fuese mi madre.
—Bien hijo aprovechemos este momento y dime el tormento que agobia ese corazón, tu alma, confía en mí te ayudaré a sacar toda esa nostalgia. Debes poner de tu parte Ibrahim, yo puedo sentarme aquí diciéndote cuanta cantidad de cosas, pero debes saber que tú tienes la decisión.
—Bien lo haré, mientras estuve en Nueva York, ayudé a una chica a superar la drogadicción, la prostitución entre otras cosas que hacía mal… Ella me decía “Mi ángel” por haberla recogido de las calles, en ese entonces pasaba cerca del barrio donde vive, desde ese momento se le notaba el coqueteo, pero… yo no hice mucho caso. Para no hacerle largo el cuento madre, ella se enamoró de mí y yo estaba en el seminario, muy tranquilo ayudando a las personas.
—¡Dios mío! Hijo no puede ser posible, pero sigue ¿Qué más pasó?
—En su barrio hicimos un censo, trabajamos juntos, pero eso la estaba llevando a enamorarse más, yo era esa persona que admiraba aún lo hace… Poco tiempo después Madre, fue al lugar donde estaba viviendo, observó todas las imágenes, preguntaba curiosa, que era todo eso, que parecía una iglesia, no pude decirle nada, ella no cree mucho en esas cosas… Pero lo peor madre...
—¿Qué sucedió Ibrahim, no me digas que… Mi santo cielo, ¡No puede ser! Ahora entiendo tu dolor y tu rabia a la vez, esa mujer te mancilló hijo mío, ¡Ah! ¿Cómo pudo hacerlo? Y andar ahora molestando, sabiendo que decidiste el celibato.
—Yo quedé tendido en el piso, como sin alma, desvanecido, se fueron en ese momento todas mis alegrías, mi dedicación, mí honra. Entonces decidí regresar y aquí estoy muriendo por ese pasado, necesitaba desahogarme Madre, gracias por su comprensión.
—¡Hijo mío!
—Yo tuve la culpa, debí habérselo dicho, la abuela de ella lo sabía y la madre igual, pero les pedí no decir nada, no deseaba que volviera a las calles después de tanto esfuerzo. Sabía que al enterarse, se alejaría, ahora es una mujer exitosa, sin miedos y fuera de los vicios.
—¡Dios! Ayuda a mi ahijado, te lo suplico… Él es bueno, desea seguir tu camino, Señor… Salva su alma y perdona sus pecados, no lo dejes caer en esas tentaciones, hijo rezaré por ti, por tu salvación, estarás mejor, serás sacerdote, tu confesión te ayudará a sanar, veras como saldrás de esto, reza hijo mío, ora por ti y por ella, para que Dios lave sus deseos pecaminosos y pueda dejarte en paz, dependerá solo de ti, no lo olvides, Ibrahim, si no todo lo avanzado será en vano. ¡Ah! No debes preocuparte.
—Me siento más tranquilo, ahora puedo respirar mejor madrina… Gracias, es usted muy buena, no me juzgó ni mucho menos.
—No hijo la idea no es esa, es ayudar a quién lo necesita, tú lo necesitabas urgentemente.
—Tiene razón, Madre, me siento mucho mejor.
—Bueno hijo vamos a nuestros quehaceres, recuerda hacer actividades, rezar, no debes castigarte, no eres culpable de nada.
—Vamos, Madre Superiora, me siento mejor, eso me agrada.
La Madre Gertrudis, pudo entender a Ibrahim, lo ayudará a seguir siempre y cuando salga de su corazón ayudarse a sí mismo, no hay culpables simplemente se dieron las cosas, no queda más que pagar las consecuencias de los hechos, debe ser con mucha disciplina, orar, rezar, pedir.
La vida del seminarista ha de cambiar por el bien de él y de Sharis, aparte de la familia de ambos.